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jueves, 14 de marzo de 2013

Cromosexos, macrosomas



Cuando nos corremos como XY todo un rayo se tensa y se dirige, la vida consiste en la envoltura, en la presión húmeda y redentora y la inclusión dentro de un cuerpo que nos absorbe y nos expulsa a su antojo. El deseo toma forma de sangre y las mareas embravecen su rumbo, y somos lápidas en el centro de la tierra. Estamos vivas.

Cuando nos corremos como XX el calor es una esquizofrenia que nos abre los poros, el órgano erógeno y originario es la piel, el deseo se llama epidermis y nosotros somos el deseo mismo, porque un orgasmo XX es como volver a nacer: supone la indiferenciación con el mundo. No hay dentro, no hay afuera, hay solo cuerpos que se alojan en un espacio que antes no existía -universo cartesiano *- y solo así son libres. Estamos jadeantes.

Una ambigüedad corporal que se corresponde con lo real.

El olor a su sexo en la barbilla
el cuerpo trae de este lado lo innombrable
lo más real que ha habido últimamente
y nos prepara con espasmos para la quietud vacía.




* donde libertad significa capacidad total de movimiento y cuyo requisito es un universo totalmente lleno