Lookin' for!

miércoles, 2 de enero de 2013

deseos y finitudes








Laura, Lucía, Joaquín, Marta, María, Alicia, Elías, Mario, Lucas, Marina, Silvia, Carlos, Inma, Rebeca, Víctor, Sara, Alberto, Celia, Manuela, Mayra, Alejandro, Felipe, Jesús, Ana, Darío, Patri, Jorge, Belén, Claudia, Zoe, Lidia, Pablo, Alfredo, Lorena, Diego, Álvaro, Isa, Tamara.
No son sólo nombres, son deseos y finitudes. No son reductibles a lo mismo, no pueden ser mujeres, tampoco hombres. Son infinitos como el océano que contiene sus relaciones, con una misma y con la totalidad.


¿Por qué ya no vamos a hincharnos a comer guarrerías hasta hartarnos, en la cama, después de fumar un delicioso porro? Y después follar, hasta que no podamos más y la boca entreabierta, los ojos hinchados, la humedad en las sábanas, sean señales de que la calma está próxima. Vamos a reírnos del exceso y en la abundancia, porque el exceso somos nosotras. Y después vestirnos tan fuerte que la ropa se nos pegue al cuerpo, pegajoso por el sudor y aún caliente, vestirnos con muchas ganas porque el exceso aún no ha terminado. Alejarnos de la cama y romper la delicada densidad del aire de la habitación, unida a el olor a sexo que mitigamos con una vela. Aromaterapia. Terapia de choque la puerta cerrándose, y los seres que antes abrían un presente con las fauces de sus piernas ahora habitan subjuntivos
las voluntades nunca vuelven a intersectar en un deseo de permanencia e identidad.

El Suicida







No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
Del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
Los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.



de La rosa profunda, Jorge Luis Borges