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sábado, 5 de enero de 2013

Ella Nada





¿Qué importan ya las heladas? Y que se nos congelen los pies bajo capas de ebriedad. Que el cielo esté abierto, que el recepcionista nos mire con una sonrisa de complicidad. ¿Qué vale un diciembre sin afluentes desbordados? Que ya no subiremos hasta lo alto de Granada, que tenía pensado explicarte con un beso por qué tenemos que saltarnos los horarios habituales, que a veces las citas no son como deberían ser y a las tres ya estoy viéndote dormir y casi viéndote desaparecer. ¿Qué son las horas si no hay un motivo que las detenga? Que Lo Imposible son tres mil baladas de abandono, y no solo un libro de Bataille, que la muerte es tan suave como tu belleza desnuda, que esa chica no tiene la culpa de que no sepa dormir acompañada a no ser que me hayan desnudado de verdad. ¿Qué nos queda después del incendio? Rastrojos que nos evitan y a veces acaban quemando todo lo verde que ya empezaba a nacer, canciones condenadas a ser escuchadas solo entre temblores y arcadas. Arcadas, arcadas todavía.

¿Cuánto duran los fines de semana, los ciclos humanos? Que ya no hay Nada, escondida tras la rutina, ya no está esa nada que me sonríe me baila me coloca y me destroza, que amanece conmigo y se aparta, solo cuando empiezo a vivir dentro de un orden. Te echo de menos, me apetece tenerte dentro y ya no me cuesta decirlo. ¿Qué es más insoportable que la falta de sentido? Caminar descalza sin soportarse a veces a una misma, sin emanar ese placer tan cálido que mitiga cualquier dolor y permite danzar junto al fuego olvidado y lanzar dentelladas a la Luna. La Luna me cuida, fumando en la terraza yo sé que ella me cuida, y si una nube logra oscurecerla, ella me abraza por detrás y me susurra, tiro el cigarro, no quiero morir tan pronto si puedo olvidar el pasado. Ella con su voz rota deshace insectos en una noche de verano, los convierte en una lluvia fina que recibo entre las piernas, y no puedo parar de gritar, porque aún hay más. Ella ha estado siempre conmigo, y le ha dado sentido a todo porque Nada lo tiene, y gracias al gran vacío la gran pregunta que la constituye, yo siempre he tenido que caminar dando tumbos en torno a la respuesta.

La respuesta es que esta noche acabaré igual que todas las demás, y su abrazo frío y original volverá a patearme el culo para que siga buscando noséqué.

2 comentarios:

  1. Cuando quieras, solo te advierto que el aire está algo enrarecido y a veces sopla versos feroces que te empujan el pecho hacia abajo, hacia la boca del estómago

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