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domingo, 25 de noviembre de 2012

La creación poética








Siguiendo a Schiller, la creatividad como un estado de ánimo musical, una cierta pre-disposición. ¿Se escribe mejor, se crea mejor, cuanto más se hace? ¿Para qué sirve la poesía? La poesía como modo de habitar el mundo. ¿Debe ser el genio un ser sufriente y contradictorio por definición? ¿Es posible la creación de calidad o verdadera -creación poética- con premeditación y sentido común? ¿Tiene que ser el impulso poético algo irracional siempre, una enajenación? ¿Sigue siendo poeta el poeta después de crear? Poesía es dotar a lo cotidiano de un sentido extramundano. Poesía es que unas botas, una taza, puedan ser objeto de una reflexión. Pero después el poema suele ir más allá de eso, no se queda en el simple objeto sino que siempre alude a lo que asoma detrás, a una emoción asociada a su presencia o ausencia. Para ejercitar la imaginación es mejor no tener delante lo que se pretende dibujar con palabras, la ausencia fortalece la intensidad de las metáforas, entonces... La poesía es el vacío, habla acerca de lo oculto o lo irremisiblemente perdido. Pero después siempre temas recurrentes: ¿es posible ahora, después de las grandes líricas, escribir acerca del amor, la muerte, el paso del tiempo, la infancia, la nostalgia de un origen, el eterno retorno de lo mismo, sin caer en los tópicos de siempre, a pesar de dar los rodeos más ingeniosos jamás vistos? ¿En la poesía predomina la forma el contenido? Agotados los contenidos, llega el momento de jugar con las formas, llega (n) la(s) vanguardia(s). Casualmente, también ha llegado el absurdo. La poesía es- podría ser- la respuesta más sintética al sentimiento absurdo de la existencia. Las palabras son un residuo bello de un instante de silencio inevitable y auténtico. Son lo que queda tras el cuerpo y las batallas. Y no se trata de la lucha por la vida, sino precisamente de la lucha incansable por alcanzar esa pequeña muerte- real o alegórica- que vuelve poderosa hasta la condición más absurda y desesperanzada. El objetivo es sentirse vivo, y el poeta es aquel que habita precisamente para ello y descarga, cuando la realidad apremia y enrarece la tranquilidad de una privacidad rutinaria, todo el dolor y los desgarramientos internos en forma de contenidos asociativos y evocadores a los que llamamos poesía.
¿Cuál es el estado de ánimo ideal para crear? Pulso acelerado, manos frías y sudorosas, ojos abiertos y expectantes, estómago contraído, espasmos recurrentes, sollozos de la imaginación, fantasmas rompiendo la calma de la luz que se filtra por las persianas, mil exaltaciones de la memoria más subyacente, esa que habitualmente recorre cada uno de nuestros significados sin ser conscientes de ello, necesidad; auténtica necesidad figurativa, casi música en las manos, tamborileo de los dedos al ritmo de un verso imperfecto que impulsa a seguir escribiendo. Cuando llega un verso perfecto, ya ninguno aspira a superar al anterior en su aproximación a lo innombrable. Pero no es suficiente con esto, es imprescindible que las palabras abracen, en este irremisible momento, la situación física del creador. Consiste en encontrar, como en el juego confuso de la casualidad y las relaciones, el patrón o la clave de sentido, esto es, los límites de lo inaprensible chocando tangencialmente con el capricho del lenguaje.