Lookin' for!

martes, 4 de septiembre de 2012

Despierta de repente








Ese día al declinar
ganó intensidad y perdió misterio,
misterio era tan solo volver a encontrarnos
una vez más
tu cuerpo que no responde si no arde antes
en deseos entreabiertos,
la luna que no nos cuida si no ve antes
algún beso parecido al primero.

No quiero conocerte poco a poco como
en trámites de páginas de contactos
o relaciones ultra esporádicas con poco sexo,
no me refiero a ti, que te escondes
miro directamente hacia mí, me veo de frente
si ya he escapado,
¿por qué vuelve a sostenerme? La misma sonrisa
que me aturde
la misma vida lenta y recién desperezada
que me aburre
distintas habitaciones coloreadas
que me enrojecen
amanecer con la lengua dormida
el volcán escupe

y a la tarde siguiente, ganas de nada
imposible envolverse.
Salgo a pasear y resbalo
a lo largo de toda la avenida.
Me encuentro con apatía, nos tanteamos,
su voz me parece lejana y abstracta
como si hubiera estado ahí desde siempre,
sus historias, las de cualquier café

mi obviedad, la que desprenden las mañanas
con sabor a noche ácida

tu sonrisa,
una manera más de convencerme
de que no estaba dormida.

Encuentro



Estas colinas duras que han formado mi
cuerpo
y lo sacuden con tantos recuerdos, me han
abierto el prodigio
de aquella que no sabe que la vivo y no llego
a entenderla.

Me la encontré una noche: una mancha más
clara
bajo las inciertas estrellas, en la oscuridad del
verano.
Percibíase en torno la fragancia de estas coli-
nas
más profunda que la sombra, y de repente
sonó,
como si saliera de estas colinas, una voz más
limpia
y áspera, a la vez, una voz de tiempos perdidos.

Alguna vez la veo, y se pone ante mí
definida, inmutable, como un recuerdo.
Nunca he podido asirla: su realidad
cada vez se me escapa y me lleva más lejos.
Si es bella, no lo sé. Es joven entre las otras:
me sorprende, al imaginarla, un lejano re-
cuerdo
de mi infancia vivida entre estas colinas,
tan joven es. Semeja la mañana. Me muestra
en los ojos
todos los cielos lejanos de aquellas mañanas
remotas.
Y tiene en los ojos un firme propósito: la luz
más limpia
que jamás tuvo el alba sobre estas colinas.

La he creado del fondo de todas las cosas
que me son más queridas, y no llego a enten-
derla.





Cesare Pavese