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martes, 12 de junio de 2012

Nietzsche y el insomnio


Vivir la vida como si las cosas que suceden fueran a regresar eternamente. Otra vez veremos la única crueldad heredada del tiempo: el nacimiento de la conciencia, el estar frente a frente con el momento más fuerte. No vivir nunca, estando presente esta norma de la tierra sensible -y baldía- en la dimensión oportuna: acariciar horas anteriores con los ojos y la memoria, apartar la naúsea y seguir escribiendo como si lo absurdo no hubiese tejido una red extraordinaria.

Acudir al estreno de un futuro que encaje perfectamente con este presente que ahoga en cada bocanada de aire, que se deja mojar por la lluvia malvenida de abril, que calma su constante erosión con alientos y la garganta muy seca.

El pulso se acelera, y en la página siguiente un beso marca el comienzo. No puedo dormir ahora que sé que ya ha empezado.

El veneno soy yo, entera
a la ausencia dada men
trego.