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martes, 8 de mayo de 2012

Amanece desvelada






Recién levantada, es mentira que sea tan perfecta, y que sus pezones apunten en la dirección que indican unos buenos días. Pedidle que gire la cara, con sigilo apoyadas desde el marco de la puerta, y observándola como quien contempla un animal herido pero tan libre que asusta. Que se puedan ver sus pómulos hundidos, sus ojos que, tras horas de insomnio, no se abren con la misma pregunta con la que despertamos todos los días. ¿Será el día en el que empiece?

Unas cuantas cosas muy bien colocadas en la habitación de una chica de película, con su guitarra, sus cuadros, su techo abuhardillado, su encantador desorden porque sabe que aún es joven. Pero indaguemos un poco más, quizá nos demos cuenta de que, desde el latido rabioso de su pecho, no es capaz de percibir lo sensual de la escena. Quizá entendamos que le importa una mierda que su espalda sea arte, y que su pelo sucio y manoseado le hace parecer más viva.

Y así desde la puerta podemos pensar que esa habitación y esa persona que amanece sin remedio son un proyecto de poema, la forma de una historia intensa, mientras que ella, desde dentro, sólo contempla vulgaridad, y segundos antes de adoptar esa posición pensativa en la cama ha olido su acre sudor, ha saboreado su boca pastosa y seca, ha tragado y ha sentido mil punzadas en el pecho, ha mirado sus tetas, que antes solían despertar rozando otra espalda, y se ha cansado de su cuerpo, de su cara y de su "todos-los-días-lo-intento".

Pero esto son sólo unos minutos, aquellos que todas nos permitimos algunas mañanas. Sentarse, mirar a la pared y preguntarse adónde fueron las ganas. Intuir la respuesta, tragar saliva y resaca onírica, no necesariamente haberse acostado ebria, ignorar ese nudo de flujo espeso y constante, ignorar la pared y sacar las piernas de la cama.

Amanecer, en fin, como si nunca esperaras y siempre vivieras en el ahora. Como si esa que observa desde el marco de la puerta y sonríe contemplando el proceso no fueras tú misma, pensando: ¿Qué mierdas hago aquí, contemplando despertar a la persona equivocada?

Saca de ti, cuerpo inútil, todo ese afán de espectador, y escribe un guión, aunque sea a base de tópicos y felicidad barata.