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sábado, 4 de febrero de 2012

Consejos a una futura desconocida.

Estaba M. sentada en una terraza enfrente de la playa. El café amenazado por la sombrilla, instigada a temblar sin parar por el viento (los que son de aquí saben decirte si es levante o poniente), y M. buscando en su bolsillo dos euros y un mechero para fumar.

Sentada en una terraza, ánimo calmado. Hay días en los que te puedes poner triste sin motivo, y entonces, a lo mejor pensando en Cioran, te pones a buscar esa tristeza, como si estuviera escondida en el borroso dibujo de los años e, imperceptiblemente, hubiera ido aflorando a cada desilusión evidente. Si un día la esquina de tu calle torciera hacia el lado contrario, empezarías a ser consciente de la esquina de tu calle. Hasta que llega ese día, el giro se hace casi con los ojos cerrados. Es al abrir los ojos cuando cambia el panorama, y es al cambiar el panorama cuando nos da por abrirlos.

Antes de pagar el café, por qué no, una última mirada a la morena mosqueada de la mesa del lado. Tiene el típico gesto de las personas que no saben enfadarse y, al intentarlo, resultan aún más deseables. Quizá le diga algo...


No sé tal vez, un no me decepciones.
No construyas con miedo lo que destruirás con valentía.
No tengas dudas si ahora mismo lo que puedes dar son garantías.
Pero tampoco te dediques a repartir promesas como si no nos sobraran a todos.
Eso sí, "si vas a pecar que sea de inocente, de callar con un beso lo evidente".
Si vas a despertarte mañana a mi lado en la cama de tu pisito andaluz, no me abraces, no me busques, pero, sobre todo, no me encuentres. No es tan horrible acercarte a la cintura que, encima de ti, se ondulaba la noche anterior. Pero no besos al oído no susurros al cuello y no piernas enredadas.

No sé, tal vez, un no me digas siempre ni mañana.
No te entregues, no te quedes atontada, no seas tan dura que al final descubra que no eras más que despistada.
Que no parezca que tus silencios son premeditados, que no parezca que tus palabras son aleatorias y desinteresadas. Y si el interés te está llenando, con una sonrisa me basta.
Tampoco vayas a pensar que todos estos consejos vienen de una voluntad unificada. La misma que abraza, se aleja. La misma que dice nunca más, piensa siempre un poco menos. La misma libertad que está chillando en esta terraza, nos pone un silencio en los pasos y nos conduce, brillantes, hasta la playa.
La misma Luna que te advierte que dejes de mirarla está empezando a desnudarse y está bailando en horas malas. Horas de la madrugada.

Por eso te diría, para que no huyeras pero para que tampoco me besaras, te diría:

-"¿Nos tomamos algo antes de que me vaya?"
Sonrisita, teléfono, y a casa.

Ya tendré tiempo muerto para dedicarte parrafadas baratas. Por ahora me contento con este futuro repleto de matices desenfocados

cualquier noche o mañana después de NOCHE

ya veré si tus manos me alejan o me apartan, ya veré
si escribo
o te echo en falta.