Lookin' for!

lunes, 31 de diciembre de 2012

Fucó








Como conocía la irrealidad
buscaba otra persona verbal
en la que expresarse.

Como conocía la irrealidad
buscaba otros huesos empapados
en una vieja historia de lluvia y caderas.

Como había acariciado su espalda de colores,
podían no volver a verse nunca,
pero ese amanecer
principios básicos de astronomía
solo pertenecía a la inoportunidad
y a nadie más.

Qué felicidad más alta y ruidosa,
finales básicos de geografía,
la tabla de opuestos presocrática me tranquiliza,
me ayuda a contar historias sin perderme
y te convierte en una curva inabarcable,
un número impar e infinito
un hombre oscuro que al sonreír se convierte
en una mujer llena de luz que al caer el sol es
un hombre de grandes manos que me adormece.

Voy a convertirte en tantos símbolos
que acabarás habitando una heterotopía,
y a las afueras de esta ciudad derruida
construiremos un templo a los muertos
y a un intento demasiado ingenuo de vivir.




domingo, 30 de diciembre de 2012

Autopía




La impotencia no da ni para escribir cuatro líneas
el fin de año no da ni para pasar media página
el final absurdo final empezó en septiembre
la botella era la misma y dormir contigo en la playa dormir contigo en un hotel dormir contigo en la cama
fue una pasada fue lo mismo de siempre fue inolvidable fuimos las mismas extrañas

y transmití a todo lo que estaba cerca
mi atracción fatal hacia la eternidad.

Dejaré de hacerlo, sí prometido, con musas ajenas
pero mientras tanto la urgencia clama, la piel se tiñe de rojo,
el calor asciende por las orejas y la circulación se detiene solo con los dientes,
claro que puedes dormir aquí pero deberías tocarme así.

De verdad que la utopía es imposible,
estar fuera de mí misma
reventarme el cuerpo a transformaciones,
para huir de la sede de todo lo que susede,
¿y entonces qué?
de verdad que la a-topía es inalcanzable,
por eso prefiero estar dentro contigo
que aquí
sola
conmigo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Laura Casielles







Quizá ni el tomate es tan puro
ni el tabaco tan mortal como comentan.
Me caen bien los extraños, me siento segura
en los países muy desordenados.
Protegerse está bien, pero a veces confiar
es mejor revulsivo para una vida larga.
Ni es cierto que no importe lo de lejos, ni es cierto
que no haya sitio en el mundo
para la literatura.
Pero la publicidad nunca es poesía.
Confío en mi cuerpo
más que en buena parte de los médicos,
y algunas drogas nos ayudan a dormir.
El amor existe.
Abrazarse a muchos cuerpos no es sinónimo de calma,
no hacerlo tampoco ayuda demasiado.
He tenido jefes que eran mis amigos
y compañeros que no.
El sentido común falla a menudo.
Si te cuidas demasiado, entonces eres presa fácil.
Los juicios no marcan la línea que separa el bien y el mal,
no marcan casi nada.
La verdad no tiene un solo nombre.
Cinco manzanas al día
son demasiadas manzanas.

Y la palabra es
como un juego de niños:
cuando llega a tus manos hay que abrazarla fuerte
y escaparse corriendo del enemigo.
Y,  luego, lanzarla a quien sepa
guardarla mejor.
A quien corra más.


Laura Casielles

Jazz, jazz, jazz




P entró en el pub y no pudo evitar que su mirada se dirigiera inmediatamente hacia la chica sentada al fondo, con la cerveza apoyada en el piano y los dedos marcando el ritmo en su preciosa tapa lustrada. Quien dice chica diría mujer, pues sus ojos revelaban mucho más que las calles de la ciudad que había ignorado para ir a sentarse a ese recóndito bar. Ella tenía que ser M, y eso es lo más importante que sabría nunca acerca suyo. El piano iba regalando su melodía ascendente y transportaba a todos, sin excepción, a latitudes más altas que las de la simple ebriedad. Sus ojos se humedecían, sus piernas se enredaban, los vasos se vaciaban y en ese momento solo había un alma completamente solitaria; era M sentada al piano. Pero P había recorrido toda la ciudad durante días y noches enteros, buscando algo que no sabía cómo denominar (lo cual resultaba paradójico), buscando un estado que el lenguaje no puede proporcionar. Lo buscó entre todo lo que otras personas habían dicho antes, lo buscó entre aviones y aeropuertos, entre sus cuadernos y anotaciones, entre el cariño hueco y desgajado que se desliza en los portales a las cinco de la mañana.
Tenía tantas preguntas que hacerle, que no sabía por donde empezar y, de hecho, no pudo formular ninguna en cuanto empezaron a hablar, porque las respuestas se sucedían solas sin necesidad de encerrarse en la cajita de un concepto. Jazz, jazz, jazz...P recordaba haber leído eso en alguna parte, y haber pensado que, aunque no lo entendía muy bien, era algo importante, primordial. Primordial es la mejor palabra porque esa sustancia extraña de la que están hechos los sentimientos era la única que podía ponernos en común, sentarnos alrededor de un "oscuro fuego central olvidado", reunirse con M junto al piano y tomar el brebaje que purificaría su espíritu y alejaría a los tejedores de historias dolorosas. A los chacales nocturnos que lanzan dentelladas a la Luna y ríen mientras ven cómo nuestro espíritu se desgarra por alcanzar las estrellas y encontrar en ellas la misma melodía que salva a los terrestres. Jazz, jazz, jazz, no sabía lo que era, pero es seguro que se parecía a lo que desprendían los gestos que hacía M con la boca, la sonrisa inclinada de aquella que, aunque no lo sabe todo, sabe lo más importante: el instante es un punzón imperceptible que se clava directamente en el núcleo de nuestras pérdidas y nos da la oportunidad de volver a respirar. Sí, pese a que M estaba a punto de dejarla sin respiración, P estaba aprendiendo a respirar de nuevo junto a ella. La conversación era irrelevante, el tema era el mismo de siempre, y lo único real eran los brazos invisibles que P tendía en torno a ella, intentando apresar su esencia sin trastocarla, tratando de entender el milagro de su voz redentora,...M decía palabras que nunca había oído, hablaba en un lenguaje nuevo que en parte solucionaba muchos problemas de su teoría (mala teoría por no ser llevada a la práctica), y absolutamente completaba sus imperfecciones más obsesivas, aquellas que provenían de un estúpido afán de perfección. Jazz, jazz, jazz, a la mañana siguiente, con la boca empapada en versos y alcohol, P no podía pensar en nada más. Había amanecido sola, se había asomado debajo de la cama pensando que quizá estaban jugando, jugando a no volver a verse las caras, pero no, M se había ido y todo lo que quedaba de ella, si es que era suyo, era un poema sobre la mesilla de noche. Un poema indescriptible, no podré reproducirlo debido a la antigüedad de esta historia, a sus múltiples versiones, un poema en el que sus elementos constitutivos se mezclaron, esta vez, en la proporción perfecta, y se separaron para volver a encontrarse, excepcionalmente, quizá al fondo de un bar de ensueño.






Poema = Palabra + Música

A todas esas teorías que







Por todas esas teorías que dicen
que la creación es inconcebible
en un estado de indiferencia.
A quien enunció la relatividad del tiempo
(seguro que fue un escritor antes que un científico)
le debo más de mil reproches
y alguna que otra corriente de conciencia.
Por todas esas teorías que dicen
que quien nada espera recibe algo mejor,
pero que no explican cómo saber
cuando dejar de buscar.
Por todas esas teorías maravillosas:
"ha contactado con el buzón de..."

Dicen que elija entre la belleza
o la calma.
Dicen:
no te pierdas entre sus posibilidades
sin agotar primero las tuyas,
no te asomes a la puerta del bar otra vez
si sabes que todos se han ido
a soñar con lo que está por volver,
no vivas en negativo revelando sin color
las imágenes de un paisaje epidérmico,
no busques respuestas en acordes desgarrados
ni camines sin deseo por el desierto de las ideas.

Nos han convecido tantas veces,
mente por un lado, corazón por el otro,
que mi diminuta inteligencia no alcanza a explicar
el sentido de una alucinación deslumbrante
y mi turbio cardiosistema no puede asimilar
el sentido de las desapariciones ya habituales.
Siempre vuelve a sorprender,
siempre volveré a indagar, un poco más,
en sus ojos y en su piel,
y antes de que se vaya, porque se irá,
no haré ninguna cuestión solo observaré, asombrada,
y me dirá: "¿qué miras con esa cara?"
Una sonrisa que ya declina será toda mi sentencia.

Así que ya sabes, si no te miro sonriendo,
y si no me quedo callada devorándote
en un gesto de certera melancolía,
todas las respuestas están ya dadas,
y tu paso por este camino que me desborda
durará lo que dure esa noche que nos une
y nos separa.











Obra: "Payasos metafísicos". Vito Campanella

lunes, 24 de diciembre de 2012

Inconclusiones IV









-¿Y cómo fue?

-Yo me senté delante de ti, charlábamos y solo nos deteníamos para beber, o solo bebíamos cuando se hacía el silencio. Llevabas ese jersey de lana tan abrazable y discutíamos de política pero era absurdo porque solo teníamos que mordernos. Exactamente, vinimos a eso, acabamos en esto. De repente me di cuenta de que todo era normal, algo fallaba. Era la dosis de normalidad que convierte en irreales las experiencias oníricas, todo encaja, ni un solo fallo de la maquinaria del mundo rescata mi atención. Te miro, sonrío y me entristezco, porque sé a ciencia cierta que las mentiras no existen, pero que hay algo muy parecido a ellas; los sueños, que tienen la consistencia de una belleza hecha jirones. Y pensando en los jirones sigo las puntadas de tu jersey, me detengo en tu boca, en tu forma de mirarme, en tu rodilla que se abre y se cierra acogiendo mis piernas. Ninguna de las personas que hay alrededor se entera de lo que está ocurriendo, y continúan la noche como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Y la noche está a punto de acabarse, y tú ya te has convertido en una colección de versos rotos que verán la luz cuando se apaguen tus gestos. Lo último que recuerdo fue, al amanecer, lanzarnos desde la terraza del hotel y aterrizar, en un salto mortal, en una estación de tren.

-Esa historia que cuentas, ¿es un poco increíble no?

-Puede ser pero la ficción, nos salva de la realidad.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Pequeña sonrisa de Amelie




Yo solo recuerdo verte girar frenéticamente
en ese anillo de color malva y polvo estelar,
Saturno brillaba por encima del fracaso.
Nunca más volví a sentirte dudar, pensar
acaso
que algo inusual había ocurrido.
Entonces te escapaste con la bici,
armaste tantos cigarrillos como ideas,
llegaste al lugar raro y destartalado
donde la inspiración te cubre de sentido.

Yo solo recuerdo acercarme por detrás.
Lo inevitable, verla escribiendo y aullando
versos al aire.
Ese arpegio conseguía callar
todo el ruido y la furia,
tenía que retomar aquella melodía si,
teníamos que desgastar sus dedos y su pasión,
tendríamos que volver a vernos cansadas;
solo así sabré si me quedan fuerzas
para romperme la cabeza otra vez más.

Yo solo quiero que me tiemblen las piernas,
que seas de esas
que nadie recomienda.

viernes, 21 de diciembre de 2012

ex-preso de noche y media


 




 
Bienvenida a mi mundo. Verás algunos monstruos por los pasillos, procura no asustarlos, se enamoran al primer suspiro.

Te dije.

Dime dónde has estado. Cuéntame en pétalos tu alegría.

Hazme reir.

Tengo cerveza, siéntate o quítate la ropa. Pero ponte cómoda.

No voy a dejar que te marches.

Hace demasiado frío como para dormir con ropa,

y esto es ya una guerra contra los pijamas.

Ok. Me dijiste como quien acepta un reto.

Sonriendo.

Mirándome la bragueta.

Así que nos hicimos de cosquillas

y de adioses, como si tuviéramos en propiedad la noche

y la poesía.

O alquilada mejor, porque nunca nos gustó ser dueños de nada.

Mucho menos de nadie.

Te pusiste a bailar desnuda para dejarme con la boca abierta. Y mucha sed.

Que era como me querías.

Y te acercaste como si fueras música.

Sobre mí.

Para que te tocara.

Como un dedo deslizándose con timidez e increcendo

por las teclas de una piano

de cola

o como un refugio de notas heridas en la cuerda floja

donde estábamos los dos.

Asfixiados y excitantes,

como el sudor y la rebeldía.

Nos reconocimos al recordarnos, o tal vez al revés,

nos emborrachamos y dejamos que la piel hablara su propio idioma

y nos contamos tantas cosas

y nos hicimos tantas otras que por la mañana

la humedad en el colchón era un mapa

con la palabra AHORA

como única ley de nuestro nuevo mundo.

Sudabas.

Y estabas preciosa.

Así que te lo volví a comer
a modo de desayuno.

martes, 18 de diciembre de 2012

La intención del deseo









Penetración desesparada al alba,
tu clítoris golpea mi lengua
porque diriges este juego,
aquí y ahora cuando gobiernan
mis deseos sumisos y ciegos.
Quiero absolutamente todo,
y al escribir se va se va
se va de las manos,
el cuerpo está limitado
por todos sus músculos potentes,
la flexibilidad de los placeres
alcanza lo que alcanzan
los tejidos y las mentes.
Por eso ahora querría
que no pensárais en nada más
que en la vulgaridad de la imaginación
cuando el sexo ha terminado,
que donde antes veía un símbolo
de la belleza que hay tras la muerte,
y buscaba morir, y morir un poco más
e ir más allá de tanta aniquilación
para conquistar lo único
que se pierde antes de tener un nombre,
ahora ve, en su espantosa naturalidad,
el mecanismo simple de lo erótico
ahora siente, en la resolución de su éxtasis,
la densidad insoportable que distingue
su espacio del de su amante,
ni tan siquiera eso;
el poder mental de la sangre
que deslogifica el torrente descriptivo de la vida cotidiana
y abre un nuevo ámbito para las creaciones.
Así creamos, en el cuerpo bello
(que por amor a la Belleza nos conviene amar) *
todas las significaciones que nos preparan y convierten
el latido en un compás intacto de eternidad.
Que, aunque pasen mil noches semejantes,
cada deseo se renueva en su intención
de seguir siendo inevitable y desbordante.




*El Banquete, Platón

El nacimiento de la transparencia







Tan pasiva y tan terca
la literatura se despunta en esquinas oscuras.
La ruina metafísica,
el cosquilleo de las pupilas
al subir hasta el horizonte, hacia
el alcance sublime de las hordas de indios a caballo,
que fabulosamente se dibujan
en las montañas de postales de La Alhambra.
La ropa aún no se ha secado,
el lenguaje hoy es el sexo,
y las palabras son labios descubiertos.
El espejo tras la papelera,
vida radical desechada,
performaciones del cuerpo mundanas

cuchillas relojes cámaras perfumes

permutaciones del alma
con carácter de cometa
efímero,

costillas rituales aortas pliegues.


Busca una entrega distinta,
le irrita tanto su permanencia.
Se ríe, y tiemblan las camas de hoteles
donde a los amantes les sobreviene
el orgasmo como un regalo inesperado.
Siempre es igual, y siempre hay una diosa
repleta y sobresaciada
que envía su excedente de placer
en dosis adecuadas
a las sensibilidades particulares.

Encuentra días que ya languidecen,
y siente nostalgia del futuro inmediato.
Este segundo: ya es una noche de promesas
que no volverá a vivirse,
ya es un cerrarse del universo,
un replegarse sobre el sentido todo
que ofrecen últimas miradas
conscientes desde el mentón de los cíclopes;
se saborean y se apartan
para soportar sin tantearlo
el material espacio que les separa,
el futuro escurridizo que les acecha,
el instante muerto que reina
sobre una palpitante genital tristeza,
yo me negué a quedarme dormida
para empaparme de su desaparición;
para ser, insoportablemente feliz,
satisfecha,
al contemplar una certeza cumplirse
antes siquiera de ser manifiesta,
tu consistencia onírica en el momento
en que la realidad entró violentamente
y destruyó al dios de la apariencia
dejando en su lugar
fusión con lo infinito,
pérdida del concepto,
mito y patria
en tu pecho.




A. Pizarnik



Hija del viento

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.




Alejandra Pizarnik

domingo, 16 de diciembre de 2012

Universo cartesiano (I.III)

Inconclusión III

en tu concepto de libertad
de pintar de blanco la habitación
desayunar acordes y labios
es cansado echar de menos
cuando aún no ha llegado el momento.

siento encontrar ya a esa persona con la que hablar tomando un café
de los días en los que tomábamos café
sin hablar de los días en los que tomábamos café...

sin habitar el subjuntivo
breves segundos de sujeción,
en los que el mundo descansa sin recordarnos
cíclicamente la paradoja de nuestros deseos;
la gravedad,
ley inexorable,
también atrae a nuestro núcleo
cuerpos desorbitantes
y cometas efímeros.

sábado, 15 de diciembre de 2012

A Diótima




 

Hiere el alba igual que siempre

las nocturnas risas heladas

y un poema se desliza

y una historia se acaba.

El mundo ya no puede ser contado

como antes cuando todo

acontecía sin ser retransmitido,

y los encuentros palpitaban

y mientras una conducía

la otra liaba un cigarrillo.

A veces conseguimos traer

la magia a nuestras costumbres,

y una noche, tan alterada y húmeda

pude clavar la vista en la eternidad,

y una mañana sin motivo

el alma solo quiere caminar.

Quiero tanto vuestras derrotas,

nutritivas baladas de abandono.

Quiero empaparme de luchas

perdidas conservan aún

el aroma intacto de la rabia,

rabia limpia y desbordada

que azota el ruido insoportable

de una mentira interiorizada.

Quiero mil noches a tu lado,

apartados de la fiesta-excusa,

conversando acerca del ácido

que desprenden nuestras metáforas,

desplegando un manto de silencios,

de tragos

de desgarros

aunando tantos fracasos para crear

la belleza de la semejanza.

La crueldad de la diferencia.

Un minuto sordo y las luces de navidad,

un recorrido entero y la vida vuelve a ser

lo mismo de siempre,

lo único de ahora;

verse a una misma como una mermelada

que lentamente cae por la corteza del árbol

que observa a las frutas en silencio,

recordatorio de su totalidad perdida,

que siente un placer infinito

en su textura escurridiza

y los cosquilleos de la madera astillada,

y siente también un dolor punzante

cuando la lluvia altera el transcurso

de su vida sinuosa,

siente también un vacío y busca

la dulzura de su creación

y las manos de su creadora.

Digo que cantemos




Enseño a huir de mí.
Pero ¿quién puede huir de mí?
A ti, quienquiera que seas, te perseguiré desde ahora,
y mis palabras te zumbarán en los oídos sin descanso,
hasta que las entiendas.

No digo estas cosas por un dólar,
ni para matar el tiempo hasta que llegue el barco.
Digo tu discurso y hablo con tu lengua que,
amarrada en tu boca, comienza en la mía a desatarse.
Y digo que nunca hablaré de la muerte y del amor
en un sitio cerrado,
y que sólo me entregaré a aquel o a aquella que vivan
conmigo al aire libre.

Si quieres entenderme, ven a las sierras y a las playas
abiertas.
La mosca que se posa en tu frente es ya una explicación;
y una gota de agua
y el movimiento de las olas...una clave.
La mandarria,
el remo
y el serrucho
secundan mis palabras.





Fragmento de "Canto a mí mismo", Walt Whitman



 
Y los niños larva de Scott Tuke
 
 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Fauces




Yo quiero dejar de saber
para saber el fondo
y tocarlo con las yemas encendidas
y sentirlo de estrellas derramadas.

Podría dejar el deseo,
detenida en la espesura de Noviembre
un descanso y a beber como los lobos,
un recodo y a seguir
lanzando dentelladas a la Luna.

Podríamos hablar algo más suave
no tengo por qué marearme al verte,
ni perder el hambre,
o rechazar los psicoactivos
que estimulan el amor por la rutina.

¿A quién ayuda la intuición?

La tuve, me di la vuelta, y supe,
en forma de alegre impotencia
y estallido de vida en la certeza,
que nada ocurre por nada,
que el fauvismo de tu habitación
tiñe de malva tu sexo y tus miradas

que la belleza, amante del absurdo,
extrema,
siempre anuncia un principio que ya es final.


martes, 11 de diciembre de 2012

La noche

Los mostradores del cinc pasan por las cloacas,
la lluvia vuelve a ascender hasta la luna;
en la avenida una ventana nos revela una mujer desnuda.

En los odres de las sábanas hinchadas en los que respira la noche entera
el poeta siente que sus cabellos crecen y se multiplican.
El rostro obtuso de los techos contempla los cuerpos extendidos.
Entre el suelo y los pavimentos la vida es una pitanza profunda.
Poeta, lo que te preocupa nada tiene que ver con la luna;
la lluvia es fresca, el vientre está bien.
Mira como se llenan los vasos en los mostradores de la tierra
la vida está vacía, la cabeza está lejos.
En alguna parte un poeta piensa.
No tenemos necesidad de la luna,
la cabeza es grande, el mundo está atestado.
En cada aposento el mundo tiembla,
la vida engendra algo que asciende hacia los techos.
Un mazo de cartas flota en el aire alrededor de los vasos;
humo de vinos, humo de vasos y de las pipas de la tarde.
En el ángulo oblicuo de los techos de todos los aposentos que tiemblan
se acumulan los humos marinos de los sueños mal construidos.
Porque aquí se cuestiona la Vida y el vientre del pensamiento;
las botellas chocan los cráneos de la asamblea aérea.
El Verbo brota del sueño como una flor
o como un vaso lleno de formas y de humos.
El vaso y el vientre chocan:
la vida es clara en los cráneos vitrificados.
El areópago ardiente de los poetas se congrega alrededor del tapete verde,
el vacío gira.
La vida pasa por el pensamiento del poeta melenudo.

 A. Artaud

lunes, 10 de diciembre de 2012

Tipo..ya sabes

Tirar pelos al váter es el único indicio de que el tiempo pasa en esta ciudad. Todo lo demás el juego de las luces, las escaleras imposibles, la literatura angustiosa de las alturas, el bar "qué puedo hacer", otra vez la música y el tacto, la hipocresía que destilamos en hinchadas bolsas de ropa, o marihuana, el silencio sordo que azota las sienes al contemplar el templo en ruinas, la nostalgia de un momento anterior-anterior a la palabra- en el que todos acudíamos al oscuro fuego central, ya olvidado ¿podemos hablar de la verdad sin caer en el ridículo? Acicalaos, bailad, reíd. Unas circunstancias demasiado grandes para unos deseos demasiado concretos. Mientras tanto, el pelo ha vuelto a acumularse en el desagüe.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Bataille en tu cama









El momento de la desnudez
me sobrevuela los días
como una tarea pendiente.
La presencia de tus miradas erguidas,
mejor aún,

erguidas en su presencia
las pupilas rosadas de tu cuerpo.

La dulzura de un instante de miedo atroz,
al respirar
y convertir el aire
en alimento natural de un sueño,
locura cálida que se alivia y se refresca
en dos bocas que sonríen al besar.

Guardan un secreto en el aliento,
y todo el mundo escribe sobre él.

El miedo es dulce solo si al instante siguiente es ya una mentira.

sábado, 1 de diciembre de 2012

diciembre

Acicalense. La ciudad tirita entre caminos perdidos y ruinas como las que acechaban los pensamientos de Larra. Las parejas se dejan morir a la altura de sus besos, de los miradores empedrados que reinan justo debajo del cielo que les limita. Algún gato, harto de tanta comida caliente y mantas embotadoras, se ha puesto a escribir en lugar de relamerse las heridas. La fotografía es imposible, porque se sirve de la luz y la luz es aquello que nunca se ve. Como ella, tu nítida presencia en esta tierra que es el olvido, se disuelve y te conduce a la consciencia insoportable de la reflexión de todo lo que llega y desaparece. Reflexión que distorsiona tu paso por la luminosidad de una mañana de piernas que refugian y cuellos para enredarse. Entonces ella se incorporó, y al contemplar al fin un sexo dormido y carente de intenciones, pudo hundir la cabeza en su recoveco favorito y esperar a que el miedo a Diciembre se calmara.