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viernes, 9 de noviembre de 2012

eblouie par la nuit






 


Todo lo que aflora a la superficie en la parte perfecta de nuestro estado refleja -en la luz de una amplia sonrisa- la contradicción interna primordial. Todo "querer estar en alguna otra parte". La pesadez no es de orden espiritual, lo liviano o pesado son los días, la manifestación interna de un sueño impaciente.
Las noches con los ojos lúcidos y voraces pasan tan rápido como nuestra necesidad de vida clama, las noches en que el oleaje puede romper contra el núcleo profundo que nos habita y astillar en mil pálpitos nerviosos la verdad que nos rebasa. Esas noches en las que todo podría ocurrir, porque hasta el dolor está de nuestro lado, derramando en metáforas boreales la creatividad que nos subyace. En noches como esas, sólo el amanecer impide que la vida no se agote y acabe, consumida, entre sueños de cristal.
Pero entre nocturnidades semejantes hay, en su mayoría, días cotidianos.

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