Lookin' for!

domingo, 30 de septiembre de 2012

S






Mirarte desde lo oscuro, lo innombrable, en una esquina de una calle cualquiera por la que pases en actitud de día cotidiano, con la música encendida en tu cuerpo y las palabras arrastrándose por los ríos de lluvia que deshabitan toda ciudad. Aquí se llena y se agota la mente, de momento, casi consigo oírte rasgar las cuerdas y los papeles, humedecerte sin razón al salir de un bar, fumando y soltando el aire como al soltar horas y motivos.

lunes, 17 de septiembre de 2012

si está bien




Todavía me siento palpitando
por dentro como ayer tumbada en tu espalda.
Todavía siento un vértigo enorme
y me asomo a tus ojos
y pierdo el temor
al darte un beso

se diluyen con el sexo
mis ganas de permanecer.


Y volvería a repetir mil veces
como en un fractal incalculable
esa tarde, tu locura,
las mentiras de la luna,
el arpegio que más te gusta,
ese temblor tan espectacular
un escondite al que no jugamos,
tu mano durmiendo entre mis labios,
dormir contigo y tus espasmos.



jueves, 13 de septiembre de 2012

fero-mona






Nos sentimos sucias, en fin, por aquello por lo que no deberíamos. Estamos recubiertas de plástico, malformaciones, propósitos, accesorios que imitan lo necesario. Olemos a polvo de muertos y a historia de guerras tristes, antes solíamos regresar a por un plato caliente y ahora regresamos a por una reducción de nuestra masa deseante. Tengo hambre de realidad, un calor menos recubierto de feromonas y más estrecho, tan cercano que no podamos ni apreciar nuestro olor. "Traigo excitación" significa en griego feromona, y es verdad, pero espero que traigáis mucho más que eso.

Palabras nuevas y brillantes, lo cual no significa que entremos en la penosa dinámica de adoración de lo nuevo, permanentemente y sin descanso; entonces lo nuevo deja de serlo y el presente se convierte en aquello de lo que no podemos escapar y que por lo tanto no podemos vivir. No, no esas palabras, sino las que dejen de rendir culto a la suciedad heredada. Esa mierda que no es palpable, ni sudorípara ni audible, es tan sutil como grosera y evidente, es tan fácil de desmontar que intentarlo siquiera parece una ridiculez. ¿Pero qué llevas ahí? es un documento nacional de identidad, mire, me declaro, a partir de ahora, participante en este teatro de masas descabezadas y cabezas pisoteadas por pueblos que corren despavoridos o, peor aún, culos enormes y sudorosos que aplastan vidas abyectas con la única excusa de vivir conforme a lo conocido y con la única frontera de la tela de un pantalón
o una minifalda.

¿Será posible que me sientas un poco más, que te atrevas a follar despacio, que me mires a los ojos sin miedo, que dejemos tanto narcótico?
Claro, todo eso podría ocurrir, en un cuerpo paralelo. Pero aquí estamos, organizando la basura que expulsamos sin parar y, mientras tanto, haz el favor de rularte eso y dame un beso tranquilo.

martes, 11 de septiembre de 2012

Las intenciones de la poesía



Para la poesía es mejor estar sucia que impoluta,
es mejor sentirse ingrávida que en el centro de la tierra,
más recomendable estar vacía que del todo llena,
aunque ese vacío esté lleno de ausencia puta.

Los versos prefieren un día cotidiano y estéril
que madrugadas palpitantes en las que cuelgo
el teléfono, y de un hilo, una arcada me detiene
y así no termino otra vez en poder del recuerdo.

La música en tus caderas quiere que bailes separada,
que no te acerques a mis sobresaltos sin consagrarlos
con un beso, una gran indiferencia, o vanas palabras.
Que no puedas entenderlos sin saber ignorarlos.

No es cuidar, ni curar, ni vigilar, el verbo que te pertenece,
no es manchar, ni esperar, ni romper, mi propósito feroz.
Que te vistas con una sonrisa, te creas capaz de construirte,
que me encuentre doblando una esquina, jugar al despiste.

Volver con los dientes sobre nuestros pasos
y morder el dolor hiriéndonos las manos.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Otoño dosmilonce




Más allá de los límites impuestos por mi imaginación, en la síntesis de un juego perfecto y ordenado, te dije que no te alejaras.
No escuché la cariñosa palabra de Julio, el susurro de Agosto. Septiembre soplaba en mi cuello, despertaba mis sentidos. Tengo un calor inmenso que galopa por mis brazos, tengo una caja que tiene dentro un diablo pequeño y perfumado, tengo una niña que me tira de la mano y me dice: ¡ven a ver los días enteros! ¡tengo esos besos alucinantes!
Y sí, me lo imaginaba justo tan perfecto.

Raíces.
Latidos.

Siempre escribo de lo mismo. Monotemática alterada. ¡Qué! Es hasta gracioso, una letra de mierda que coincide con todos los abandonos.
Pero ni chalada ni malhumorada.
Tengo todos los días esa sonrisa idiota, al salir por la puerta de casa.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Poema rápido







Cajones que están por abrir

y rebuscar

entre guirnaldas de humo.

Cuarto visto al revés, la espalda

arqueada.

Huyendo del contacto.

Palabras ahogadas en los ojos,

ojos clavados en la pregunta,

pregunta que no se formula,

fórmula vacía del decoro,

apta para uso y abuso.

Poema rápido no quiere contar una historia,

quiere ahogarte antes de que busques

literalmente una manera disimulada

de explicarte a ti misma que te ocurre.

Besos y vómitos



Te pusiste al borde del precipicio
con un peta en la mano
y en la otra una birra,
y levantaste una pierna solo para demostrar
que podías mantener el equilibrio
y diste un buen trago ¿recuerdas?
mientras el humo aun salía de tu boca.

¿No era eso lo que querías cuando hablabas del abismo?

Nunca he sabido qué hacer con mi vida
aunque a veces lo tenga tan claro.
Ni puta idea.

Di un paso en firme hacia algo que podía crecer
como un futuro domesticado
en el que creer,
en el que poder confiar.

Me dejé en él las cuentas atrás de tantas meteduras de pata,
lo acaricié
como un órdago de cartas imposibles,
como al cascabel de una serpiente en hipnosis,

lo regué con lo único que tenía: sangre, sudor, lágrimas
y semen.

Lo hice mío porque sentí cómo me daba patadas
en el estómago,
porque en su breve porción de felicidad
no había un vómito que lo predestinara,
porque era algo tan precioso
que no debería ocurrirme a mí
y aun así, pese a todo, me olvidé de los nuborrones
y de las viejas cuentas,
del jolgorio de chisteras que perdían el amor a gritos,
de que en los periódicos
las esquelas seguían siendo portada.

Lo besé como me juré que nunca haría: firmando cláusula de daños.
Aceptando obligatoriedad de valentía en el contrato.
Diciendo: esta responsabilidad es mía
y la acepto.

Traté de que en el jardín siempre hubiera vida
aunque fuese silvestre,
de que la gasolina llegara a todos los puertos
de montaña que queríamos subir.
Que nunca nos faltara poesía.


olvidé que las malas hierbas
no mueren
pero también se fuman,
y me concentré en mi pequeño futuro de ortigas
y enredaderas
bebiendo del dulce rocío del sudor desnudo
en tu palacio de ventanas abiertas.

Más sencillo: me dijeron ¿quieres ser feliz?
Y dije que sí abriendo la mano.

Entre picos de distancia
y palos de silencio
empecé a no distinguir
la seda de los gusanos de las telas de araña,
a confundir almohadas
y regazos,
el cepillo de dientes con papel higiénico.

¿Tú te corres por placer o por prisa?

No sé cuándo, pero me puse a cavar un agujero.
Primero dije: esta será mi tumba.
Luego: está será la de los dos.
Después metí a nuestros hijos.
A familias enteras.
Colegios. Ciudades.
Cualquier excusa es buena si solo quieres seguir cavando.
Si solo quieres mancharte las manos de mierda
y removerla hasta que el (d)olor
(d)uela a cadáver.

Para los petroleros del corazón no existe el concepto
de tocar fondo.
Es como la fiebre del oro: brilla más enterrada en su codicia
que bajo la luz del sol.

Y yo he llegado pronto a la última cena
y parece que se me hace tarde,
ni siquiera va a amanecer,
contaba con ello,
es posible que ya nunca más lo haga,
de ahí las ojeras, la cafeína,
mi insana adicción a la noche.

Los ojos, ¿Te fijaste en mis ojos
el día que recobré mi antigua mirada?
La triste, quiero decir.

Yo no. Sabes que nunca me fijo en esas cosas.
Que aunque puedo acertar literalmente la siguiente frase
nunca atino con el final de las películas.
Que soy malísimo en ciertos detalles
o mi maldita costumbre de preguntarte si te has corrido
cada vez que te deshaces entre el polvo.

Que me puse al borde del precipicio
con un peta en la mano
y una birra en la otra.
Cantando “la última vez que me suicidé
ni Madrid era una fiesta
ni tú llorabas”,
sin saber hacia dónde tirar
o tirarme,
perdido e indefenso
como un animal salvaje que enseña los dientes
mientras el miedo se caga sobre él.

Con el lodo al cuello,
haciendo mal a bares de vidrios vacíos,
saltando a la pata coja,
sin saber del todo si me hiela el calor
o me quema el frío,
doy un buen trago
y el humo sale desde muy dentro
(como el dolor cuando se vomita,
como los besos)
por mi boca.
 
 
 
 
Escandar Algeet

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Ficción disfrazada de risa



Ahora que ya no podré dormir es cuando me río. Sí,
me entra esa risa estúpida
de saber que estás eliminando caminos y no me importa
(solo ahora cuando lo escribo)
otra vez esa carcajada fría
al saber que estamos cada vez más lejos,
como el recuerdo
de sentirnos cercanas.

Ahora que ya no podré dormir me arrepentiré de no haber hecho esa locura. Ya,
la mayor locura fue pensar que todo estaba en calma.

En las fiestas donde se canta y se baila mal -como debe ser-
me gusta observarlo todo
sonreír
pegarle un buen lametazo a esa roca
que no debemos partir,
sino descubrir
y quemar entre palabras.

En los momentos en que te quedas callada
y asombrada como si todo estuviera escrito
me gusta romper tu silencio
intranquilizarte
interrogarte con la mirada
como si no entendiera quién eres ni qué hago a tu lado
o, peor aún,
como si lo comprendiera demasiado bien
y mi mirada de vuelta fuera la señal,
el pistoletazo de salida;
para correr sin mirar atrás
y corrernos con los cuellos encajados

sin mirarnos
sin asomarnos.

"¿Es bonito?", preguntas.
Entorno el libro y te alcanzo
el origen de el humo que habita mis ganas de recorrerte.
A ti no te interesa el librito en cuestión,
no
a ti te interesa mirarme mientras yo le miro a él
porque se parece a la manera que tengo de mirarte a ti:
tratando de traducir torrentes de metáforas sanguíneas
apretando los labios cuando una duda atraviesa mi semántica.

Al final, me distraigo con cuaquier atisbo de realidad,
cierro el libro, me impregno de tu expresión inteligente
y una vez más
como en un sueño escalonado
como en Origen
consigo salir de una ficción insuperable
y me contento si un nuevo final absurdo
vuelve a posarse en mis labios,
vuelve a abrir un libro nuevo para que lo ame
hasta que termine de investigarlo.

martes, 4 de septiembre de 2012

Despierta de repente








Ese día al declinar
ganó intensidad y perdió misterio,
misterio era tan solo volver a encontrarnos
una vez más
tu cuerpo que no responde si no arde antes
en deseos entreabiertos,
la luna que no nos cuida si no ve antes
algún beso parecido al primero.

No quiero conocerte poco a poco como
en trámites de páginas de contactos
o relaciones ultra esporádicas con poco sexo,
no me refiero a ti, que te escondes
miro directamente hacia mí, me veo de frente
si ya he escapado,
¿por qué vuelve a sostenerme? La misma sonrisa
que me aturde
la misma vida lenta y recién desperezada
que me aburre
distintas habitaciones coloreadas
que me enrojecen
amanecer con la lengua dormida
el volcán escupe

y a la tarde siguiente, ganas de nada
imposible envolverse.
Salgo a pasear y resbalo
a lo largo de toda la avenida.
Me encuentro con apatía, nos tanteamos,
su voz me parece lejana y abstracta
como si hubiera estado ahí desde siempre,
sus historias, las de cualquier café

mi obviedad, la que desprenden las mañanas
con sabor a noche ácida

tu sonrisa,
una manera más de convencerme
de que no estaba dormida.

Encuentro



Estas colinas duras que han formado mi
cuerpo
y lo sacuden con tantos recuerdos, me han
abierto el prodigio
de aquella que no sabe que la vivo y no llego
a entenderla.

Me la encontré una noche: una mancha más
clara
bajo las inciertas estrellas, en la oscuridad del
verano.
Percibíase en torno la fragancia de estas coli-
nas
más profunda que la sombra, y de repente
sonó,
como si saliera de estas colinas, una voz más
limpia
y áspera, a la vez, una voz de tiempos perdidos.

Alguna vez la veo, y se pone ante mí
definida, inmutable, como un recuerdo.
Nunca he podido asirla: su realidad
cada vez se me escapa y me lleva más lejos.
Si es bella, no lo sé. Es joven entre las otras:
me sorprende, al imaginarla, un lejano re-
cuerdo
de mi infancia vivida entre estas colinas,
tan joven es. Semeja la mañana. Me muestra
en los ojos
todos los cielos lejanos de aquellas mañanas
remotas.
Y tiene en los ojos un firme propósito: la luz
más limpia
que jamás tuvo el alba sobre estas colinas.

La he creado del fondo de todas las cosas
que me son más queridas, y no llego a enten-
derla.





Cesare Pavese