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miércoles, 13 de junio de 2012

el pacto tolerante


 “sabemos que nuestras vidas como tortilleras, maricas, trans, intersex, drag, disidentes sexuales, se vuelven vulnerables en las redes del régimen político de la heterosexualidad, ese macro código semiótico que opera en conjunto con el capitalismo, el patriarcado, el racismo, el colonialismo, y que por ello necesitamos instrumentos jurídicos, políticos y sociales que nos permitan sobrevivir. Pero también necesitamos, del mismo modo y con la misma prioridad, de producciones culturales que operen como fuerza disgregante de los paradigmas hegemónicos y sus dispositivos de captura que hacen invivibles muchos de nuestros cuerpos. En este sentido, el respeto es una ficción soporífera que mantiene intacto el orden político. El respeto se exige, se pide, se reclama, pero siempre su materialización está fuera de nuestro alcance, porque la asimetría de poder que se aglutina en sus redes y posiciones enunciativas, hace de la victimización la matriz productiva del poder mismo. El respeto es la virtud de la obediencia en los imaginarios coloniales y sella un pacto de gobernabilidad de las subjetividades. Así, las políticas del respeto domestican las poéticas de la irreverencia, estigmatizando la desobediencia, marcándola como signo anómalo de la vida democrática”


Por Valeria Flores

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