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martes, 22 de mayo de 2012

Algún momento de Agosto



Me narré en un verano vergonzoso
cargado de intentos y caídas.
Te omití en mis planes y para eso
tuve que inventar varias vidas.
Tuve que tragar y expulsar.
Acumular y estallar. El reflejo de mis estallidos en la realidad fueron esos recordatorios de que es tan difícil cerrar algo entre dos personas como construirlo.
A veces tengo que asentar tu cara en mi recuerdo. Se me olvida tu nariz, tu asimetría, tus pendientes, tus ojos con la franja verde, tu pelo, suave me llenaba la cabeza de locuras. Suave te movías siempre conmigo, siempre que no quisieras incendiarme hasta hacerme estallar.

Todos los días me levanto a la mitad y me acuesto casi entera o hecha pedazos.
Pedazos de ebriedad que, divididos, se entremezclan con tu ausencia y se confunden creando la maravillosa ilusión de que no me faltas.

Una parte de mí se resiste a pensar que todo ha sido un error que arrojar al pasado y recordar con una sonrisa dentro de unos años. Nunca más volver a preguntarte cómo me conoces tanto, dónde irás con mis estupideces, a quién le darás las tuyas.





Escrito durante un estío de fiebre helada y palabras, publicado en una primavera de cariño renovado y sonrisa temblorosa. El recuerdo, cuando deja de doler, empieza a cobrar nitidez, y esa cara que todas habéis intentado recordar, cuando deja de parecer un olvido saludable, empieza a distinguirse con sus matices personales, con la normalidad de todo lo que fluctúa entre la verdad y la vida cotidiana.

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