Lookin' for!

domingo, 20 de noviembre de 2011

Hubiera atravesado la pared con el puño

¿Cómo sabré yo si el tiempo me ha detenido en el lugar correcto?
Sigo en marcha y sin embargo, estaca me ata al suelo.
Porque siento esta enorme ternura hacia todo lo que viene nuevo.
Porque creo que tú puedes darme más de lo que quizá merezco.
Porque sin conocerte adivino que mereces más que lo vulgar de un nombre y un beso, un gesto y un estado. No tienes aire de conformista.
Absurdas definiciones para encerrar el cambio, le rogamos al reloj: ¡estate quieto!
Peleamos con el segundero, nos revolcamos por el suelo con la aguja que dicta los minutos, ¿para qué?

Para acabar rendidas, agotadas, con la sola fuerza del deseo y haciendo el amor con las horas, fundidas en un acto sin futuro y sin sentido, la única prueba de esta pelea tan feroz es el sudor, el olor y las preguntas.
Porque estas horas se han ido a follarse a otras conciencias, la agujita de los minutos, a penetrar otras miradas, y los segundos...
Los segundos. Primero no valían nada, después fueron tan intensos, luego fueron tan pesados que quería echarlos por la borda de mis sueños; enterrarlos debajo de la colilla del último cigarro que vi consumirse entre tus dedos mientras decías mirando al cielo: "Lo siento". Lo siento pero ya no necesito cabalgar con más peso, después de un año, parecemos extraños, ya no me digas, oye, ya no me abrigas.

¿Y ahora qué? Cuando vuelvo a tener el valor de dejar que salga lo que soy por mi boca, un beso, vuelve el miedo antiguo pero también vuelve la risa y la prisa en mi pecho dando saltos. A recordarme que la felicidad está en los pequeños, y no en los grandes actos.