Lookin' for!

jueves, 10 de noviembre de 2011

¡La magia no funciona con las nubes!

¿Por qué no vienes a contarme
cómo se organizan las estrellas en constelaciones
sobre todos mis lunares?

En vez de situarme a tu lado y observar, calladita
cómo miras
(muy seria, muy concentrada)
al cielo y después dices:
“¿Ves? Allí está Orión”,
con una media sonrisa.

En vez de eso, y sin que dejes de hacerlo,
por qué no dices una vez más:
“Soy lo que ves”.
“¿Ves? Eso es Orión”

¿Lo escuchas? Soy yo, sonriendo por dentro, y suena como cuando, en las noches abiertas, no se oyen los coches, ni los aviones, ni las farolas fundiéndose, sino sólo el bostezo gigante de la Luna.



(Luna que ha venido a contarme que toda su magia se desvanece cuando pasas muchas noches sin mirarla mientras respiras hondo. Nadie puede olvidarse del Sol, pero todos podemos olvidarnos de la Luna. El Sol, presente o ausente, nos dice cuándo empezar o cuándo terminar. Y nunca pensamos en la Luna porque parece un residuo del gran astro.
Este engaño desaparece la primera vez que la miras. Tus pupilas se dilatan, te dejas hipnotizar, te sientes pequeña, te gusta su luz suave y escuchas, sin saberlo, el bostezo sensual y primitivo de la Luna).