Lookin' for!

viernes, 19 de agosto de 2011


http://www.youtube.com/watch?v=dQXZS_vbwBw


Di, ¿qué ves?. Dime, ¿qué ves? .. ¿si hay algo?;
un manantial breve y fugaz entre las manos.


Me siento llena de personas, de futuro, de promesas, de vida, de fuerza, y sin embargo...hay algo que extraño. En mis interminables días raros, en los que el vicio es una apestosa manera de mantenerme en la extrañeza, echo de menos mi dolor y mi barrera. Mi consciencia y mi superación, la ausencia más profunda, que se convierte en aquello que resulta invisible pero que mueve lo visible con un hilo de seda. Parece que no quiero soltarlo.

Y, sin embargo, mi cometa ya vuela lejana, como yo, y quiere despegar hacia los días más raros y más hermosos que he visto en mi vida. Como esta mañana. Como anoche. Afortunada, pude montarme en un coche con dos amigos a la 1 de la mañana y recorrer la distancia Madrid-Valencia entre sueños, confesiones y risas. Afortunada por tener amigos así, y afortunada por poder permitirme el lujo de desaparecer aunque sólo sea por una noche. Y así, esta mañana me encuentro amaneciendo con la compañía más agradable, el alcohol más delator, una ausencia casi total de vicios que funcionan como parches, y un mar que, como dice Coque Malla, "me cura la herida". ¿Herida? No, no estoy herida, estoy extrañada. En estos días tan raros, no hay heridas, sólo arañazos. Pequeños rasguños que provocan pequeñas mareas que, enfrentadas con el oleaje, se arrastran y se pierden en la orilla como toda la arena que mi cuerpo desprende.


Al mar, a la libertad y la espontaneidad le debo este día tan extraño y tan agradable, este día en el que, derretirme por momentos, es tan doloroso como estimulante. Este día en el que echo la vista atrás, 5 meses atrás, 2 meses, una semana, un día, y pienso: nunca dejaré de equivocarme, y nunca dejaré de hablar de más. Nunca dejaré mis impulsos, jamás salvaré el cuello a mis inhibiciones. Nunca me sincronizaré con nadie, pero siempre estaré pendiente de sus latidos. Y, por eso, llorar y sonreír a la vez es posible, sentir con intensidad y pensar en círculos viciosos, también lo es. Pero, sin duda, la calma llega cuando acepto que los puentes que sustentan a los visitantes de mi isla los tiendo yo, y la futura tormenta que acabará con ellos, no depende de mí, ni de los visitantes. Quizá dependa de un Dios, o quizá yo haya decidido otorgar atributos divinos a quien no los tiene. En cualquier caso, esa es otra discusión.




PD: Soy la de la derecha, con la mano como Spok ^^