Lookin' for!

lunes, 28 de noviembre de 2011

Kick off a tu salud.

Nueve nueve, ¡no tenemos dioses!

Diez, diez, diez, diez...de todo de todo de todo de TODO...

Todo me da igual excepto el hecho de que todo me de igual.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Hubiera atravesado la pared con el puño

¿Cómo sabré yo si el tiempo me ha detenido en el lugar correcto?
Sigo en marcha y sin embargo, estaca me ata al suelo.
Porque siento esta enorme ternura hacia todo lo que viene nuevo.
Porque creo que tú puedes darme más de lo que quizá merezco.
Porque sin conocerte adivino que mereces más que lo vulgar de un nombre y un beso, un gesto y un estado. No tienes aire de conformista.
Absurdas definiciones para encerrar el cambio, le rogamos al reloj: ¡estate quieto!
Peleamos con el segundero, nos revolcamos por el suelo con la aguja que dicta los minutos, ¿para qué?

Para acabar rendidas, agotadas, con la sola fuerza del deseo y haciendo el amor con las horas, fundidas en un acto sin futuro y sin sentido, la única prueba de esta pelea tan feroz es el sudor, el olor y las preguntas.
Porque estas horas se han ido a follarse a otras conciencias, la agujita de los minutos, a penetrar otras miradas, y los segundos...
Los segundos. Primero no valían nada, después fueron tan intensos, luego fueron tan pesados que quería echarlos por la borda de mis sueños; enterrarlos debajo de la colilla del último cigarro que vi consumirse entre tus dedos mientras decías mirando al cielo: "Lo siento". Lo siento pero ya no necesito cabalgar con más peso, después de un año, parecemos extraños, ya no me digas, oye, ya no me abrigas.

¿Y ahora qué? Cuando vuelvo a tener el valor de dejar que salga lo que soy por mi boca, un beso, vuelve el miedo antiguo pero también vuelve la risa y la prisa en mi pecho dando saltos. A recordarme que la felicidad está en los pequeños, y no en los grandes actos.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Imaginario colectivo nuestro

Y en el imaginario colectivo de nuestros sueños
aparecían las calles empapadas
los cristales escondidos
las llamadas cortadas a tiempo por una arcada de lucidez

el temblor de la impotencia
el "me apunto a lo que sea"
el interés, el egoísmo, la manipulación
caer rendida por un beso del revés

la manía de acercarse a lo imposible
de alejarse cuando empieza a parecer creíble
de creer en ello cuando el tiempo ha devorado
de insultar a mayo cuando la culpa es de enero

Y en el imaginario colectivo de nuestras pesadillas
más de lo mismo, menos realidad
más cuentos extraños, menos finales abiertos

más dinero en menos tiempo
algunas conversaciones que al ver la luz del sol
empiezan a convertirse en preguntas
les da por traducirse en taquicardias

pero la locura siempre vuelve
porque somos los mismos que al empezar
con algún arañazo mal curado
(no por no aplicarle el suficiente antiséptico o alcohol, en su defecto,
sino por
no tener realmente la voluntad de curarlo
por completo).

jueves, 10 de noviembre de 2011

¡La magia no funciona con las nubes!

¿Por qué no vienes a contarme
cómo se organizan las estrellas en constelaciones
sobre todos mis lunares?

En vez de situarme a tu lado y observar, calladita
cómo miras
(muy seria, muy concentrada)
al cielo y después dices:
“¿Ves? Allí está Orión”,
con una media sonrisa.

En vez de eso, y sin que dejes de hacerlo,
por qué no dices una vez más:
“Soy lo que ves”.
“¿Ves? Eso es Orión”

¿Lo escuchas? Soy yo, sonriendo por dentro, y suena como cuando, en las noches abiertas, no se oyen los coches, ni los aviones, ni las farolas fundiéndose, sino sólo el bostezo gigante de la Luna.



(Luna que ha venido a contarme que toda su magia se desvanece cuando pasas muchas noches sin mirarla mientras respiras hondo. Nadie puede olvidarse del Sol, pero todos podemos olvidarnos de la Luna. El Sol, presente o ausente, nos dice cuándo empezar o cuándo terminar. Y nunca pensamos en la Luna porque parece un residuo del gran astro.
Este engaño desaparece la primera vez que la miras. Tus pupilas se dilatan, te dejas hipnotizar, te sientes pequeña, te gusta su luz suave y escuchas, sin saberlo, el bostezo sensual y primitivo de la Luna).

martes, 8 de noviembre de 2011

Carol.

C al volante, radiante, estúpida, asqueada de su piel y de su cara, apretando el acelerador para sentirse menos humana.
Dirigiendo breves e intensas miradas a T.

T de copiloto, preciosa, a ratos asustada y a tragos valiente, bebiendo de una petaca para dejar de sentirse atada.
Mirando a C con los ojos muy abiertos, enamorada de la mezcla de alegría y tristeza que en su cara se adivina. En cualquier caso, la mujer más intensa que jamás ha visto.

¿Cómo no subirse a un coche con ella para recorrer EEUU. huyendo de las vidas que les ha preparado eso que llamamos sociedad?
¿Cómo no hacer del amor un buen salvaje incivilizado sin voluntad de serlo?
¿Cómo no dormir en cuarenta hoteles distintos para fundirse por primera vez en uno sólo?
¿Cómo no compartir una naranja y un vaso de leche caliente antes de dormir?
¿Cómo no visitar Waterloo?
¿Cómo no mirar a C mientras todo el universo pende de su boca y su cigarro?
¿Cómo no acabaría T fumando y creando belleza privada junto a C?
¿Cómo resistir la longitud de sus piernas, sus manos apartando el pelo de la cara, su manera tan silenciosa de decir “te quiero”, el vapor de la ducha, el deseo en sus ojos, la locura de su risa, y esa mano que aprieta fuerte la de T y le dice sin dudar: “esto no es ningún capricho”?

El miedo y la felicidad se pelean por tus besos, ¿te habías dado cuenta?

domingo, 6 de noviembre de 2011

M.

Curioso, que pensemos lo mismo al mismo tiempo. Imposible saber si tus causas se parecen a las mías. Digo una cosa y al momento me la planteo. Digo lo que no haré y no pasa ni un segundo hasta que lo hago.

Imposible saber si estás perdida, como yo, o si encontrate te da miedo. ¿Acaso no significa lo mismo? Más imposible aún saber cuándo la cabeza está convenciendo al corazón, y cuando esa misma cabeza permite que el corazón se desboque y galope hasta sus últimas consecuencias.

No me ocurre nada y, sin embargo, lo que ocurre no es normal. Mi teoría de la felicidad sin lucha pierde su fuerza de convicción y se convierte en una lucha por la felicidad. La felicidad de saber a dónde pertenezco cuando no quiero pertenecerme a mí misma. Por insoportable, por crédula y por impulsiva.

Empieza a debilitarse el grave mantra estival que me decía una y otra vez: "todo está dentro de ti". Ahora que sé que todo está ahí, me asomo con vértigo, me asomo con el nudo y con la velocidad y, una vez estoy abajo, pierdo perspectiva y no me encuentro. Pero me encuentro bien porque el vértigo se pasa una vez has caído.

No quiero subir con velocidad, ni con excusas, ni con miedo. Sólo quiero que conocerme sea una experiencia de la que nunca pueda arrepentirme.