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viernes, 2 de septiembre de 2011

Contra el tedio.




Cada vez me da más rabia el hecho de tener que dormir. Lejos de considerarlo un placer, lo considero un fastidio, un robo de tiempo, una necesidad improductiva.
Porque sé que algún día llegará el momento en el que sepa qué elijo tener a mi lado para ser feliz, y porque dormir, descansar...no es más que un paréntesis entre unos días que, ni me lo dan todo, ni me quitan nada de lo que ya tengo. Metida en una especie de tiempo cíclico, me considero igual de contenta o aburrida (porque el aburrimiento es peor que la tristeza) todos los días al levantarme y al acostarme. Es todo consecuencia de un enfado conmigo misma, y ese enfado está más que justificado.
Me enfado conmigo misma por pensar constantemente en futuro, o por pasarme los tiempos presentes en una pompa de irrealidad. Cuando creo que ya estoy a salvo de mis sueños...pam! Vuelvo a caer en ellos. Sin embargo, cuando me paro a pensarlo, me doy cuenta de que, si no localizo la felicidad más pura en el futuro, ¿dónde la voy a localizar?
Porque no valgo para ser zen, ni para sonreír sin desear nada más, ni para no echar las horas muertas imaginándome conversaciones que no ocurrirán, viajes que no haré, confesiones increíbles de última hora...

La lección más simple y valiosa que no terminamos nunca de comprender puede ser esta: todo ocurre siempre de manera diferente a como lo planeaste, o soñaste.

Dicho esto, ¿cuál es la solución? No tener expectativas para no sufrir decepciones. Suena bien, pero acaso no suena mejor...Llenarte de expectativas que se verán superadas por la realidad, por la originalidad y los impulsos de los demás. Ante estas dos opciones, nosotras, abocadas al riesgo y en ocasiones al fracaso, siempre elegimos la segunda. Porque una vida tranquila es deseable, pero renunciar para siempre a los días raros... es una opción que no contemplamos.

2 comentarios:

  1. Tienes toda la razón. Además, es una tontería querer cambiar cuando lo vamos a hacer, muchas veces en la vida, sin que nos lo propongamos; la edad, las circunstancias (infinitas) ya nos harán cambiar y pensar en el presente, no porque despreciemos las ilusiones, utópicas o no, que nos puede acarrear el futuro; sino porque los problemas del presente no nos dejarán levantar, demasiado a menudo, la vista hacia dicho futuro.

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  2. Muy bien dicho...Querer es poder, pero en el asunto de los cambios, poder es encontrarse en el momento adecuado y el lugar adecuado, para bien o para mal.

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