Lookin' for!

miércoles, 24 de agosto de 2011

Cambios subjetivos.





Wijiji! Y ahí está mi nueva, pequeña, rizada y débil rastita. En esta foto la punta parece la cola de un cerdito, pero mi amiga Celia, estupenda peluquera de pelo cardado, me la cerró, apretó y arregló ^^



Estos últimos días del verano parece que van a ser los más dulces. Te prometo que el día que te conozca, me acordaré de los días, como este, en los que soñaba con conocerte.


viernes, 19 de agosto de 2011


http://www.youtube.com/watch?v=dQXZS_vbwBw


Di, ¿qué ves?. Dime, ¿qué ves? .. ¿si hay algo?;
un manantial breve y fugaz entre las manos.


Me siento llena de personas, de futuro, de promesas, de vida, de fuerza, y sin embargo...hay algo que extraño. En mis interminables días raros, en los que el vicio es una apestosa manera de mantenerme en la extrañeza, echo de menos mi dolor y mi barrera. Mi consciencia y mi superación, la ausencia más profunda, que se convierte en aquello que resulta invisible pero que mueve lo visible con un hilo de seda. Parece que no quiero soltarlo.

Y, sin embargo, mi cometa ya vuela lejana, como yo, y quiere despegar hacia los días más raros y más hermosos que he visto en mi vida. Como esta mañana. Como anoche. Afortunada, pude montarme en un coche con dos amigos a la 1 de la mañana y recorrer la distancia Madrid-Valencia entre sueños, confesiones y risas. Afortunada por tener amigos así, y afortunada por poder permitirme el lujo de desaparecer aunque sólo sea por una noche. Y así, esta mañana me encuentro amaneciendo con la compañía más agradable, el alcohol más delator, una ausencia casi total de vicios que funcionan como parches, y un mar que, como dice Coque Malla, "me cura la herida". ¿Herida? No, no estoy herida, estoy extrañada. En estos días tan raros, no hay heridas, sólo arañazos. Pequeños rasguños que provocan pequeñas mareas que, enfrentadas con el oleaje, se arrastran y se pierden en la orilla como toda la arena que mi cuerpo desprende.


Al mar, a la libertad y la espontaneidad le debo este día tan extraño y tan agradable, este día en el que, derretirme por momentos, es tan doloroso como estimulante. Este día en el que echo la vista atrás, 5 meses atrás, 2 meses, una semana, un día, y pienso: nunca dejaré de equivocarme, y nunca dejaré de hablar de más. Nunca dejaré mis impulsos, jamás salvaré el cuello a mis inhibiciones. Nunca me sincronizaré con nadie, pero siempre estaré pendiente de sus latidos. Y, por eso, llorar y sonreír a la vez es posible, sentir con intensidad y pensar en círculos viciosos, también lo es. Pero, sin duda, la calma llega cuando acepto que los puentes que sustentan a los visitantes de mi isla los tiendo yo, y la futura tormenta que acabará con ellos, no depende de mí, ni de los visitantes. Quizá dependa de un Dios, o quizá yo haya decidido otorgar atributos divinos a quien no los tiene. En cualquier caso, esa es otra discusión.




PD: Soy la de la derecha, con la mano como Spok ^^

miércoles, 10 de agosto de 2011

Reflexiones a la solana, I


Compartir horas con alguien. En lugares distanciados.

La comida, la siesta, el cigarro. El sueño, el placer solitario, las conversaciones, mejores y peores, los mimos, los ratos para pensar, las nuevas experiencias.

Aunque viváis en la Luna, aunque yo viva en una nube descargada en cada sonrisa y también en cada orgasmo o conjunto sentimental de palabras. Aunque nunca jamás nos veamos, aunque quien menos imagine acabe siendo lo más inverosímil.

Os deseo, en este verano tan extraño que sugiere una familiaridad que aprenderé a vivir, que os enamoréis sin pensarlo, sin hablarlo y sin pasarlo por agua.

¿Creéis que cuando seamos adultos, pero no en el DNI, sino en la cuenta bancaria, tendremos grilletes? ¿Creéis que veréis mundo al terminar de estudiar y todo eso? ¿O hablaremos de sueños hasta que nos despierte la hipoteca?

Yo tengo amigos soñadores, otros más conformistas, otros con problemas más grandes, y otros que ni se lo plantean.

A los soñadores: las respuestas a las preguntas que acabo de formular saldrán de nuestras bocas, y no de nuestros bolsillos. Hay, creo, tres maneras (hoy en día) de habitar el mundo:

La primera como esclavo, como ser dependiente, reducido a la condición de "asalariado" y habitante del "mañana cambiarán las cosas". Esperando a envejecer para empezar a vivir. Digna postura.

La segunda manera cuenta con menos individuos asiduos a ella, ya que es un modo de vida escaso por dos razones: por complicado y por despreciable. Es la condición opuesta a la del esclavo, es la de ser libre a costa de otros, esto es, creer ser libre. Estos son los chupópteros del mundo, unos pocos vampiros económicos, la conocida "mano invisible" de los mercados de la que tanto se habla últimamente en la prensa, como si fuera una noticia de última hora.

El tercer modo de habitar el mundo...no sabría cómo definirlo. Tampoco es un estado del todo deseable; otorga libertad pero también algún que otro cargo de conciencia. Hoy en día parece que está de moda ser anti-sistema, pero también parece imposible y el sistema se ríe del intento. Hay dos opciones que no encarnan mucha lucha ni mucha preocupación, a simple vista. O formas parte del sistema, o sales de él. La segunda opción es ese tercer modo de habitar el mundo. Hay a su vez dos maneras de salir del sistema. La primera, cometer un delito y ser apartado. Los mayores crímenes contra la Humanidad son llevados a cabo por los poderes económicos, impunes, pero por robar comida, dinero o ropa se castiga con la pérdida de una ya reducida libertad. Salir del sistema como delincuente no es salir realmente: es estar dentro de él, pero apartado y despreciado, obviado. La segunda manera de salir del sistema es, sencillamente, dejar de depender de él. Nada de bancos, ni de salarios, ni de burocracia. Un número menos entre tantos que somos: si no participas, estás fuera; sencillo. Pero desgraciadamente no hay campo ni huertos ni animales para todos, o sí que los hay pero mal distribuidos y consumidos.

Hay que ir al McDonalds para comer barato, hay que salvar los bancos, que, pobrecitos, no supieron parar su propia rueda desorbitada, hay que estudiar, trabajar y formar una familia, y hay que tener unas ciertas inquietudes rebeldes de joven, pero sin pasarse y sin que duren muchos años, que todo el mundo sabe que eso se pasa y luego nos convertimos en personas normales que charlan en cafeterías.

Yo no soy antisistema por definición. El sistema se dirige al fracaso, pero el error es más profundo que la rueda económica, más básico, creo.

El engaño es pensar en la dualidad. Yo misma lo hago, todos lo hacemos. Si viviéramos la vida como un continuo con sentido unívoco, sufriríamos menos, entenderíamos más. El problema es no ser capaces de separar el dolor del placer, la pobreza de la riqueza, la necesidad de la independencia, el bien del mal. Vivimos con cierto miedo por culpa de un error: esa manía de pensar que lo bueno de lo malo es que nos hace apreciar más lo bueno. El amor es una mierda, porque duele, pero el dolor es bueno, porque nos ayuda a entender lo que amar significa. Creo que las cosas son más simples, y la complicación, la batalla constante que tenemos formada en nuestras cabezas hace, entre otras cosas, que aceptemos este sistema fascista, estas opciones en las que no se elige lo mejor sino lo menos malo, y este paso hacia la vida adulta.

¿Por qué aceptamos que un ritmo de vida laboral frenético es bueno? No es sólo la necesidad, la supervivencia, también hay resignación y aceptación, porque el pensamiento dual acecha y triunfa.

Lo frenético lo comparamos con el descanso, con “lo bien que vamos a dormir tras un duro día de trabajo”. Dormir es un poco como morir, y trabajar para descansar es despreciar el trabajo en sí mismo, tomarlo como un medio para la consecución de un fin.

¿Por qué aceptamos relaciones tormentosas que no nos hacen felices? De nuevo el pensamiento de lo dual, haciéndose notar. Amor, dolor, no son nada el uno sin el otro. Vivimos en lo uno y su contrario, en la causa y en su efecto, y por eso creemos que el dolor en una relación es soportable e incluso positivo, porque…¡tachán! El amor triunfará y la vida será rosa. ¿Y acaso cuando la vida sea rosa, o negra o multicolor, no echaremos de menos ese dolor agridulce que nos hacía soñar con la futura vida que ahora llevamos? ¿Y entonces qué, echaremos de menos el dolor, como si fuera ese amigo que era un pelmazo pero al que acabas echando de menos porque siempre estuvo allí cuando lo necesitaste? ¿O más bien lo necesitaste cada vez que estuvo allí, porque somos incapaces de pensar que el placer y el dolor, el amor y la indiferencia (que es más dolorosa que el odio), la luz y la oscuridad, la razón y el sentimiento, lo femenino y lo masculino, y todas las oposiciones que se os ocurran, en realidad forman parte de lo mismo? ¿Por qué diferenciamos, por qué separamos?

¿Por qué la rutina para hoy y la felicidad para mañana? ¿Por qué algunos pueden hacer de la felicidad su rutina y los demás la tomamos a sorbitos? ¿Y por qué aceptamos esto? Porque vivimos en futuro, y sin futuro no seríamos nada. ¿El problema es que nos sobra inteligencia, o que nos falta? ¿La inteligencia es lo que nos han enseñado como “pensar”, o es lo que hacemos de manera intuitiva cuando no pensamos?

Os dejo que penséis y me ayudéis. Se aceptan sugerencias. Hoy, mañana, radicales, conservadoras, claras, oscuras, femeninas, masculinas, optimistas, pesimistas, realistas, idealistas…Así no se puede pensar.

lunes, 1 de agosto de 2011

La vida es verbo.

Prométeme tonterías guarradas cochinadas absurdeces barbaridades sinsentidos.
Píntame el techo la casa las piernas las manos la cara la acera las ventanas los ceniceros.
Hazme un monedero un bolso unos zapatos un colgante unas pulseras unos pendientes un anillo.
Constrúyeme una casa en el árbol una barquita una caja un instrumento un iglú.
Léeme un párrafo de un libro que me encante un poema algo tuyo una canción un cartel una bobada.
Escúchame cuando cante en la ducha cuando te chille cuando te susurre cuando permanezca callada y cuando llore.
Repíteme que me quieres que me necesitas que me alejas que me odias que te resulto indiferente que te divierto y que cuando sonrío el mundo sonríe conmigo.
Cántame fatal.
Escríbeme una canción una frase en el espejo una carta un post-it un guión para vivir, una guía para perdidas.
Sal conmigo a hacer deporte a tumbarte a fumar a beber a no hacer nada, sal conmigo a cualquier lugar que me resulte nuevo.
Duérmete en mi cama en la tuya en la de un hotel barato en la de un albergue en otro país en otro continente, duérmete con plomitos en los ojos.
Sonríeme sin dudas con cariño con compasión con arrebato con las mejillas coloradas, con lágrimas en los ojos, sonríeme para que el mundo pueda sonreír contigo.
Grítame con rabia con desprecio con ansiedad con un calentón en tu cuerpo, grítame haciéndolo o grítame después de hacerlo, grítame y arrójame los muebles de tu casa.
Súbeme hasta el infierno, bájame al cielo de una patada.
Estúdiame hasta que te aburras hasta que me conozcas hasta que des por imposible conocerme, estúdiame hasta que te entren ganas de estudiarte a ti misma.
Lánzame al fondo de tu olvido, al mar, desde un puente desde un décimo piso que nos compremos, desde abajo de tus rodillas, lánzame cuando veas que paro de moverme.
Encuéntrate cualquier día al doblar una esquina y alucina con tu manera de andar, encuéntrate sola divertida callada triste aburrida ingeniosa cachonda feliz exhausta enfadada tranquila, encuéntrame alguna virtud y te eliminaré algún defecto.
Cállate, porque el silencio que profesas cuando terminas de leer lo que tengo que decirte, se parece misteriosamente a un millón de noches militando contra el insomnio.
Háblame, porque siempre tienes algo diferente que decir, y así suele ocurrir con las personas que son diferentes.



Todo esto me dijo ella, y no pude negarme. La escuché, callé, hablé...y el resto de verbos son placeres y dolores por cumplir.