Lookin' for!

martes, 28 de junio de 2011

Encuentra las diferencias.

Eres como la cola suave y abrigada de cualquier animal hibernador. Continuamente niegas el invierno, y te envuelves en tus únicos calores, que proceden de una cuidadosa alimentación estival diseñada con la precisión de un reloj e imprecisa como tu amor de estómagos vacíos. Así, tú preparas con esmero un ambiente cálido y oculto donde desenvolver tus pasiones y negar la pesadez con la que la vida se recorre durante el encogimiento de la naturaleza.
Recoges unos frutos podridos igualmente que unos saludables, porque el objetivo es, entre captura y captura, tomar algún tiempo para descansar, refrescar, soñar y, de nuevo, volar. El tiempo transcurre tan agradablemente envuelta en este sol y esta humedad atractivas, en esta playa, esta montaña, este lugar que podría ser cualquiera una vez antes de ser el que es, este espacio atemporal donde parece que todo vale y nada se desgasta. Porque eso buscamos, algo que no se desgaste, alguna garantía más nuestra que el verano de que el paraíso del presente está cerca para cuando lo necesitemos.

Soy como ese animal antinatural y desviado, sin que estos términos resuenen peyorativos, que, lejos de negar el invierno, se complace en sus momentos de calidez, de la misma manera que se aprecia una noche de verano. En torno a esos momentos cálidos erige este animal su invierno ideal; como esto: lucha y descanso, o como aquello: temblor y sueño. Es curioso que lo que hace la vida más llevadera no lleve a ninguna parte. Se trata de presentes, ¿crees que yo tampoco deseé vivir en el presente? Quizá no haya sido yo quien lo evitó a toda costa invocándolo a los cuatro vientos; curiosa elección. La realidad sólo es evitada cuando no se comprende, y así, me elevé en un globo hinchado de tus promesas y olvidé cómo salen del invierno los frenéticos y renovados animales que coleccionan podredumbres y piedras preciosas durante el verano.
Salen siendo diferentes, porque los sueños gestados ante el frío siempre son los más calientes. Salen como entraron: buscando algo mejor, a toda costa. Entran con dudas y salen con sentencias y personalidades terriblemente afirmadas. Entran con labios y salen con piernas. Entran con velas y salen con quemaduras que después curan con sal y perforaciones. Entran con razones avaladas por la luna y salen con ideas aceleradas por la danza de la primavera. Entran, sin saber cómo saldrán, y en su lugar de descanso y seguridad construyen un teatro provisional de personajes que, conforme avanza el invierno, alcanzan un nivel de realidad peligroso, pero que retornan a su estatus de figuras heladas cuando se vuelven demasiado frágiles ante el esparcimiento del sol. Los que hacen esto se aseguran poco riesgo, poco peligro, un mundo imaginario y satisfactorio que sustituirá al real durante el tiempo de la piel y los susurros.

Son esos animales que nunca comprenderás y que siempre cuidarás un par de inviernos.

sábado, 25 de junio de 2011

Nada.

¿Te acuerdas?

Hoy he tenido un sueño. Estábamos en la misma habitación, compartiendo los mismos porros y la misma bebida, escuchando la misma música y hablando con las mismas personas, en dos esferas completamente diferentes. La miraba, y pensaba: ¿quién es?

- Hola, ¿cómo te va?
- No te conozco. No sé qué decirte. ¿Tendremos una conversación forzada, de esas que se acepta tener sólo porque cabe la posibilidad de que se convierta en una conversación fluida y un acercamiento interesante? ¿Y sin esa posibilidad, qué haremos? Yo he apartado los recuerdos, y también el olvido, porque el olvido no es más que la manifestación negativa de un recuerdo mal situado.
- Entonces, ¿no sientes nada?
- No puedo. Nada es nada. Nada siempre es toda la verdad. Nada significa nada.
- ¿No sientes nada? -insiste.
- Perdona, pero...estoy por cicatrizar. Sé más educada, bonita.

sábado, 18 de junio de 2011

El arte por la noche alucinada.

Para entender el arte hay que entender su relación con la vida, como punto de referencia y representación en todos los fenómenos artísticos, tanto en la faceta física, mental o imaginativa del pensamiento.
La obra de arte es grande en un sentido tanto figurado (entendiéndose grande como genial) como literal (grande como totalidad, como extensión ficticia que sin embargo apela a lo real). Esa realidad a la que apela la obra de arte sólo la conocemos como fragmentaria, en una visión parcial limitada por el espacio, el tiempo y la libertad de elegir. Si no estuviéramos limitados por todas partes, no seríamos libres.
Pero en la obra de arte esta limitación se ve más o menos genialmente solventada, mediante el carácter omnipresente del arte. Omnipresente de muchas maneras, dependiendo de qué arte sea y de qué técnicas y contenidos estilísticos profese.
En cualquier caso, y enfocándolo de una manera más práctico-material o si se prefiere más imaginativa/espiritual-conceptos que no se adaptan plenamente a lo que quiero expresar, ya que no se trata de una cuestión de separación cuerpo/alma sino más bien de unas diferencias claras consecuentes con los diferentes estilos, consistentes en gran medida en sus técnicas/formas que han de abarcar enormemente la captación espiritual de la obra-en cualquier caso, la omnipresencia del arte consiste en su capacidad para llenar esos huecos en las personas, que ni siquiera ellas mismas sabían que existían. Esos huecos o vacíos en realidad se deben a una falta de espacio, de margen de movilidad y posibilidad, no como un cautiverio, sino como el precio necesario a pagar por tener el lujo de ser uno sólo que se conoce a sí mismo.
El arte viene a salvar estas faltas de espacio otorgando a esos huecos vacíos unos contenidos y unos estímulos favorables a la apertura de nuevos mundos y sentimiento de totalidad en las personas. Ese intento de ser un todo para no sentirse sólo y distanciado: la identidad acaba por ser un tormento, como decía Sartre -el infierno son los demás- en el momento en que captas que los demás también son identidades.








Influenciada por: Volverás a Región, de Juan Benet (una delicia).

martes, 14 de junio de 2011

Resistance.

Piso el cigarro cuando doblo la esquina
la esquina del pasillo por donde aparece mi vida
mi vida, estás rara, y muy futurista
futurista como la velocidad el cine y las piernas.

Mis piernas ahora son más bonitas
bonitas del invierno y los cuidados olvidados
olvido que tienen forma de manos
y mis manos ahora van a elegir mis estados.

He estado encerrada en una ventana de papel
pidiendo papel para mirar el mundo con fe
fe en mis papeles mis letras y mis cafés
estúpidas creencias de una persona por hacer.

Hace el sol que me empalague con los días húmedos
húmeda me siento cuando me encuentro contigo
contigo reflejo precioso de mi soledad aprendida
aprendo enseñándome a ser completa sin medida.

Mido el tiempo y por más que me empeño
empeñaría un ojo a que no pasa sin volver
porque vuelvo al principio cada vez que no hay final
y finalizo pensando que todo puede volver a pasar.

Paso, de largo, ante mis errores conscientes
consciente de que cada momento es una vida independiente
que depende de cómo amanezca y de la temperatura del corazón
el corazón no duele, sólo recuerda con gritos lo que la mente ha olvidado.

Pero no me importa volver a olvidarme, de todo y de nada
nada es más importante que atrapar el instante en el cigarro
cigarro que aplasto en la esquina
esquina en la que sonrío y pienso
¿por qué los días se repiten?

Porque las oportunidades son insectos de un día que trabajan en panales imperecederos

lunes, 13 de junio de 2011

Esa extraña.

Tremenda en mi casa
de espejos domesticados.

Cansada pero despierta
no te busco ni te pienso
porque me has decepcionado.

¿Qué es lo que quiero?
Lo que conozco, lo que sé.
Y querré todo aquello que pueda llegar a conocer.
Soy como un perro y no me avergüenzo.

A ti, extraña invitada, extraña persona,
extraña me haces,
no te conozco.
Tan sólo detesto haber creído hacerlo.
Tan sólo detesto expectativas absurdas.
Y sobre todo odio los impulsos histéricos.

Y es agridulce sentarme sola, conmigo misma,
sin un nombre a modo de espejo reflectando
mis intenciones y mis deseos.

Ojalá el Sol deslumbre este verano y, reflejado en tu nombre insignificante, consiga que vayan cayendo una a una como las hojas en otoño todas las intenciones y deseos que llevan tu marca, y se transformen en silencios, gritos, susurros, gemidos, lo que sea.
Pero míos.

viernes, 10 de junio de 2011

Hacía mucho que no entrabas en mi blog.

Ahora el momento es eterno,
por qué lo hago
me da rabia hacerlo.

Si parece sonrojarse hasta la pared
de ver cómo empiezo a escribir sin ideas
mientras bebo de un plástico muerta de sed.

Y cuando me levante para construir un día
vas a ver cómo me tuerzo y empiezo a desear
ser un poco menos rara y un poco más fría.

Y encima te pones a bailarme en el cuarto
vas a desordenarlo todo y me muero de sueño
con tu risa tu jaleo y tus saltos.

Ahora no sé si voy a bailar contigo.
Y no puedo decirte el motivo.

Quizá te hayas compuesto una melodía, y me encantaría escucharla. Haces tantas cosas. Pero lo que más me gusta son todas las que te quedan por hacer.
Me vales un mundo esta noche. Me muero de calor, las paredes son amarillas, mañana tengo muchas cosas que hacer, pasado también, por las noches me duermo rápido. He pasado una noche agradable, pero dormiría hasta olvidarme de tu media sonrisa y de tu manera de hablar cuando algo te entusiasma.

Y cuando me despierte, quizá piense:

"Si volviera a empezar, te encontraría sin buscarte".
(Paul Eluárd)

martes, 7 de junio de 2011

¡El viento nos aburre!

Algo encendió la luz y nos encontró en una postura muy extraña porque allí faltaba alguien que se parecía un poco a un helado de chocolate y menta y también al olor de una calle en la que nunca has estado después de llover. También pude observar cómo mi cuerpo se tatuaba de historias que no eran las mías y cómo yo aceptaba todo, y a todos, sin cuestionar.

Salimos a una terraza y la humedad pegaba la ropa a la piel. Bebía agua, fumaba con tos, enrojecían sus ojos, tiraba fotos, hacía comentarios y se reía, decía que no recordaba cómo había llegado allí, afirmaba no saber qué iba a pasar a continuación, y actuaba como si yo no me muriera de ganas de dormir.

Luego en el cuarto echamos a los bichos de las sábanas y llenamos la bañera antes de acostarnos. Dimos de comer a las tortugas y regamos las acequias. Las hojas mustias decían, "¡El viento nos aburre!" Nacer para ser planta no es compatible con los juicios de felicidad. Por eso enjuicié mucho todas las cosas que pasaron y por eso no me sorprendió que se encendiera la luz y entraran las tropas blancas a destrozar nuestra intimidad. Su trabajo era salvaguardar las emociones desbordadas de los inconscientes que consiguen encontrar un hueco para sus diálogos sudorosos, y lo cumplieron con eficacia.

Cuando salí de allí, ni tú ni yo éramos. Ni siquiera los bichos que eran nuestros bichos ocupaban ya las sábanas que nunca se lavaron.

Van a quemar todos los cuartos para que podamos ir a trabajar, a cotizar y a jadear detrás de una vida desconocida.

¿Y vamos a aceptarlo todo como si la vida fuera un sueño? Un sueño, dentro de otro sueño, dentro de otro, que cae...dentro de otro más profundo aún...dan ganas de dormir, y por eso creo que me voy a despertar.