Lookin' for!

miércoles, 13 de abril de 2011

Sinestesia viva.

Cuando ella toca suave, las más sinuosas melodías se deslizan por los párpados de las estrellas, y, conducidas a través de mis perplejas miradas, salen despedidas, exhaustas, por las curvas itinerantes de nuestras siluetas.

Cuando ella acelera, los labios lastiman a latigazos los libres minutos del día, y, lanzados hasta las lindes de mi deseo, liberan las líneas, ya sin límites, de nuestras luces altivas.

Cuando ella no puede más, me mira y desemboca, en un máximo esfuerzo almado, con las mareas que alzaron las cumbres sin borrascas y la multitud de minutos que, callados, se marcharon ante sus manos mortales y sinestésicas.

martes, 12 de abril de 2011

Mi lugar.


Quizá un día me levante y me encuentre ahí,


en el ridículo hueco que tu espalda me concede


y que yo desprecio por solitario, por sombrío y por áspero


y por no saber llenar de calor un cuerpo que lo merece.





Quizá un día me levante y me encuentre con que


he dormido en una nube que he creado con la mente,


y que yo misma borraré del mapa de mis escapes


y que yo misma seré la que te diga que lo siente.



Quizá un día me levante y me encuentre con que no estoy


porque mi casa, que está viva, conmigo dentro ha echado a andar


y yo misma no querré nunca más cuidar esas cosas


porque huelen a todo eso que yo tonteaba con llamar Hogar.



Quizá un día me acueste y no encuentre razones


para dormir y no escribir, para dormir y no mejor taladrear


motivos de peso para decirte de una vez por todas


que yo misma he sabido siempre dónde estaba mi lugar.

lunes, 11 de abril de 2011

Maki-Zaila.


Ahora dicen que hay muchos más universos infinitos como el nuestro. Dime si no es para volverse loco, ¿no te sientes más pequeño?



Yo tengo una pequeña amiga que me hace sentir muy grande ^^

martes, 5 de abril de 2011

Odi et amo.



El disfraz es divertido, porque ¡te olvidas de quién eres!



Y camuflada en tu mentira, sin identidad, feliz, creo, te desenvuelves.


Yo me voy a disfrazar de una muda para que lo que ahoga en mi garganta (es el día de la cita, te he traído margaritas, del jardín de mi casero...no pienso) no se escape y no te alcance, no vaya a ser que


Aire aire, y te contaré cuáles son mis dudas




Que te encuentres y me estrelles, me fastidian las nubes de tu cuello y el alivio de tu boca.

sábado, 2 de abril de 2011

La tierna borracha que escribe y saluda.




Quisiera hacer una especial mención esta tarde de sábado absurda a las alegrías que se lleva una a las siete de la mañana esperando al metro de vuelta a casa.

Sentada al final del andén de Callao, al lado de un chico que iba todavía más torcido que yo. Sin batería en el móvil, condenada a oír el traqueteo del subterráneo y la ausencia de risas y palabras esperable un sábado a tan tempranas horas.

De repente, un jaleo de risas y gritos en el andén de enfrente. Aparecen tres chicas con una embriaguez divertida, arrojada, tierna, y empiezan a mirar a las personas que estábamos allí, pocas, y a hablar de ellas como si fuera una obra de teatro interactiva y reírse del público fuera actuación obligada.

"Ese chico va a estudiar, lleva una mochila, qué serio está..." (risotada)

"Ese tío se está durmiendo, mirad, mirad, se duerme... (carcajadas)

"¡Esa chica se ríe! ¡Mirad, se está riendo!"

Entonces me doy cuenta de que hablan de mí, y me río aún más. Una de ellas me saluda desde el otro andén y me tira besos, yo me río más y después saludo con la mano. Llega su tren, y la que no hablaba apenas, la que menos estaba montando el pollo, la alta del pelo oscuro y cortito, se pega al cristal como un niño a un acuario de Faunia, y me mira fijamente, como si yo fuera un lento pez eléctrico que se pasea ante su sorprendida mirada, cuando la sorprendida era yo.

Me echo hacia atrás, intimidada. Me sonríe, me saluda con la mano, y después empieza a tirar besos, con una mano, con las dos, desde el pecho, con risa, con pena, como pidiéndome algo. Me río y, como una idiota, en vez de devolverle al menos uno de los muchos besos que ha tirado a las vías, voy y saludo con la mano, en un gesto tan poco expresivo como triste, con esa risa tan falsa en la cara. ¡Igual no quería reírme!


Chica de los besos, si alguna vez lees esto, que sepas que yo a veces también me pregunto por qué pensaré que los demás son gilipollas, si yo misma lo parezco.


Me voy a dar una vuelta, porque Berkeley no me hace aún sentir intranquila, y me aburro.