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martes, 22 de febrero de 2011

Para tener una vida tranquilita.

Ya no sé si prefería la situación en la que me encontraba el año pasado, todo el día con un nudo en el pecho y un tembleque en la boca del estómago. Cuando bebía y fumaba el mundo se magnificaba, el móvil me atrapaba, y algunas miradas hacían que me temblaran las piernas. Cuando sentía que mi vida no era vida, sentía. Cuando me quedaba absorta en un pasillo de la biblioteca, sentía. Cuando actuaba por impulso y no sabía ni lo que estaba haciendo, sentía. Cuando pensaba que algo bueno cambiaría mi vida, sentía de verdad.

Cuando aún tenía a esos chicos y todavía no sabía que iban a quedarme las migajas. Cuando hacía planes, la verdad, hacía planes. Cuando conocía a alguien, en serio, podía dedicarle el tiempo de las palabras y los cigarros.

Cuando llegaba a casa, muchos días lloraba. Cuando sentía que iba a estallar, llamaba a una amiga, nos desahogábamos juntas. Cuando acabe el curso, el verano se extendía por delante como una gran masa caliente que iba a empaparme de sensaciones. Cuando acabó el verano, ya no sabía ni qué había hecho.

Cada vez que pasan un día y amanece de nuevo, me siento sorprendida. Porque dicen que cada día es una oportunidad, sí, ¿pero para qué? Para coger el autobús, para fumarme un cigarro, para charlar un poco, para fumarme un porro o dos, para pensar: tengo que ponerme ya con la autoescuela, para dejar pasar los cambios, para llegar al fin de semana, para dejar pasar los cambios, siempre, para aplazarlos porque son difíciles, no sé. Para tener una vida tranquilita y ser feliz, y así vivir mejor. Tener una vida tranquila para poder estudiar tranquila, y convivir con mis padres con alegría y para tener iniciativa e ilusión todos los días. Para hacer muchas muchas cosas sin saber por qué las hago. Para hacer daño, también.

Para observar cada día el cambio desde un punto de vista diferente, para salir de mí misma y atacar a los que me rodean, a veces. O para acercarles a mí, porque los necesito. Para ver pasar el tiempo todo el rato y querer suprimirlo en la rutina, qué tontería.

Si nada está fresco, habrá que hacer hambre. Supongo que por eso fumo a veces.

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