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lunes, 22 de noviembre de 2010

La espera odiada.

Dicen que el amor ya no espera a que cambie la idea colectiva de suerte que en este mundo impera.

"Un proceso azaroso de casualidades me ha conducido hasta ti, las más bellas posibilidades han sido escogidas por mí cuidadosamente hasta toparme con tu frente; toda espera ha sido deseada porque me remite a tu encuentro, nuestro encuentro. "

¿Proceso azaroso de casualidades? Vale, de acuerdo.
¿Bellas posibilidades? Y una mierda, renuncias y desilusiones me he encontrado, ¿o acaso tú no?
¿Espera deseada? Pero qué dices, poeta lerdo, mago semántico sin fundamento, la espera deseada no existe, existe el deseo de desear pensar que la espera fue deseada porque condujo a aquello por lo que merecía la pena esperar. Pero la espera fue: desconcierto golpe placer, desconcierto alegría placer golpe, inquietud desconcierto alegría desconcierto LLEGAS desconcierto seguridad alegría seguridad Te quiero.

Dicen que el amor ya no espera a que las cosas cambien. Decimos que la espera no fue deseada pero que fue eso, una espera, un antes, un no estás y después, extrañamente, estás.

En cualquier caso se va, cansado, derrotado. Embustero el mundo que atrapó al amor, que a su vez consideró embusteros a quienes hicieron uso de él, los cuales, en acto supremo de desagradecimiento, llamaron embustero al amor. Insincera, como diría Pocholo (triste referencia facilona a la palabra), la espera que llevó a los hombres a equivocar el sueño de Amor, que sólo pretendía que la espera deseada y pasiva se convirtiera en un odio a la espera y en un movimiento continuo hacia las personas que esperaban.