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martes, 26 de octubre de 2010

Carol.



Un día tonto en la biblioteca. Estos días en los que tu intención inicial era estudiar, pero en los que subyace la evasión como actividad principal. Pues bien, cuando dejó de subyacer y se hizo patente, efectivamente, me evadí. Y lo hice como lo hacía siempre, paseándome por los pasillos de libros y libros, un lugar que me atrae de una manera casi magnética.

Y de repente, en ese maravilloso día tonto, voy y me encuentro este libro. Tímido, pequeño, de un insulso color amarillo, colocado ahí por el bibliotecario, seguramente ignorante de su valor, para hacer bulto. No sé por qué me fijé en él. Lo primero que leí fue el autor, en este caso autora, Patricia Highsmith. Y bien, ¿qué sabía yo de Patricia Highsmith? Lo único que sabía era que escribía novelas policiacas, del estilo de Agatha Cristhie, y nothin' more. Y a mí las novelas policiacas...pfffbrrr...me chirrían un poquito, no las aprecio en cuanto a literatura, no me llenan de belleza y admiración cuando las leo, como cuando leo otras obras...en fin, que no me interesan.
Aún así, el pequeño librito magnético (más magnético aún que las estanterías donde solía perderme) seguía llamándome a gritos. A todo esto había que añadirle mi frustrante y confusa situación de entonces, imagináos, lo típico, te gusta una amiga muy amiga y todo está perfecto excepto por el hecho de que no lo entiendes y encima ella tampoco y bla bla bla...todo ese rollo tan típico y manido, pero que cuando te toca a ti, las pasas putas.
Así que el libro me llamaba, y como suelo hacer cuando estoy confundida y looser total, me dejé llevar por la intuición y lo cogí. Se llamaba Carol, así a secas, título también timidillo y sin muchas pretensiones. ¿La portada? Bueno, no es la que aparece en el encabezamiento de esta entrada, es más bonita y un poco más sugerente. En ella se ven dos mujeres, con ropa más bien antigua, en plan victoriano, vestidos largos y vaporosos en colores otoñales y todo eso...Una de ellas, la rubia, está recostada sobre un brazo, mirando a la otra desde una cama. La otra, la morena, está sentada en unos escalones cercanos a la cama leyendo unos rollos de papel. Esta es la portada que yo vi en su momento. Después, leer la contraportada y la crítica no me llevó ni medio minuto, pero tampoco fue lo que, definitivamente, me llevó a coger el libro.
En realidad, casi me lo leo entero en los pasillos, si no hubiera sido porque iban a cerrar. Lo abrí y empecé a hojear, luego a leerlo desde el principio, y me enganchó de una manera asombrosa.

Para empezar, la escritora es increíble, lo hace muy bien, pero sin duda lo mejor es la historia, la tensión que se puede notar desde el momento en el que se conocen las protagonistas y, sobre todo, las últimas páginas, en las que todo lo que habían construido juntas, poco a poco, parecía romperse de golpe.

La protagonista es Therese, una chica joven que lleva una vida que no termina de llenarla del todo. Sale desde hace años con Richard, un hombre que la trata muy bien, que es su amigo, más que otra cosa, y con el que no mantiene relaciones porque nunca le apetece. Él lleva esto de una manera bastante estoica, aunque de vez en cuando se enfada, pero como está muy enamorado de ella, lo aguanta día tras día. Por otro lado, trabaja en un almacén de juguetes, aunque esto no es más que un trabajo temporal, porque su sueño es ser una gran escenógrafa.

La desilusión y la desgana de Therese se contagian al lector en las primeras páginas de la novela, pero todo empieza a cobrar vida y sentido una mañana en la que ella está trabajando en el almacén. Ese día, el día de antes de Navidad, si no recuerdo mal, entra en el almacén una mujer rubia, alta, elegante, y con unos ojos que atraviesan a Therese desde el primer momento en que los ve. Esa mujer es Carol. Y, a partir de ahí, deberíais sacar el librito en cuestión de la biblioteca, de verdad, no porque sea la típica novela de amor rebelde, o porque sea una novela de amor entre dos mujeres (que también), sino porque resulta rompedora en su época, y rompedora dentro de cualquiera que la lea, y reveladora también. Es una joya, y es el típico libro del que hay frases, e incluso párrafos, que se quedan grabados en la memoria.

Yo os lo recomiendo a todas y a todos porque a mí me ayudó y me emocionó un montón, y creo que es un libro que estaba colocado en esa estantería, os juro, para que lo leyera. Sigo sintiendo atracción magnética por los pasillos, pero ya no es tan fuerte. Y siempre me paso a echarle una ojeada a Carol. Lo saqué tres o cuatro veces.


Una preciosidad. No dejéis de leerlo ;)